lunes, 10 de julio de 2017

SÍ, PERO…



                        Sin lugar a dudas es una buena noticia que Mariano Rajoy y Pedro Sánchez hayan dado apariencia de normalidad a lo que en democracia es normal, como son los encuentros entre el Jefe de Gobierno y el líder de la oposición para tratar, especialmente, asuntos de Estado, que trascienden la dimensión ideológica partidaria y afectan a todos los ciudadanos. Y es buena noticia que lo hayan hecho en un distendido ambiente de cordialidad, tomándose el tiempo necesario y el sosiego suficiente para buscar puntos de encuentro imprescindibles, dejando atrás, ¡ojalá que para siempre!, la crispación y el evidente desencuentro de su anterior reunión, la del “no es no” del líder socialista, erróneo planteamiento que ningún líder democrático debiera utilizar jamás con rotundidad ya que, precisamente si se trata de asuntos de Estado esenciales para la salud democrática del mismo, la mayor discrepancia debiera ser, como mucho, un “sí pero”….aunque lo deseable en estos casos sea siempre un sí rotundo. Y, como era de esperar, en el presente encuentro, que duró casi dos horas y media frente al anterior que apenas llegó a veinte minutos, tomó gran protagonismo el mayor problema que tiene el Estado, que es, sin duda alguna, el esperpéntico referéndum ilegal totalitario que, sí o sí y cueste lo que cueste, pretende convocar el Govern de la Generalitat de Catalunya, asunto que, como ya había anunciado Sánchez, se zanja con el rechazo al mismo por parte del PSOE, alineándose obviamente con el Gobierno de Rajoy, con el PP, con Ciudadanos y con cualquier otro partido esencialmente democrático. Sí pues a garantizar al Presidente del Gobierno, como era de esperar, que “siempre va a tener el apoyo del PSOE en la defensa de la legalidad y la Constitución”. ¡Faltaría más! Es lo que espera cualquier demócrata ante el grotesco intento de un golpe de mano totalitario, que ambos interlocutores califican de “inaceptable”, por lo que, de entrada, es tranquilizador el “sí” rotundo de Sánchez a apoyar la unidad de España y respaldar las medidas que tome el Gobierno para que se cumpla la ley y se impidan “iniciativas unilaterales rupturistas”.
            Sin embargo, dicho lo anterior, es preocupante que ese “sí rotundo” a la legalidad para impedir la ilegal consulta, se quede en un “sí, pero…”, que puede dar un cierto aliento a los defensores del ilegal “procés” catalanista, tras ser matizado con posteriores declaraciones, tanto de Margarita Robles como de Pedro Sánchez, en el sentido de que el PSOE, si llega el caso, no respaldará la aplicación del artículo 155 de la Constitución, para suspender total o parcialmente la autonomía catalana, cuando ni siquiera lo puso Rajoy sobre la mesa durante el encuentro con el líder socialista. Desafortunadas declaraciones por innecesarias, inoportunas y, sobre todo, por contradictorias con la defensa de la legalidad constitucional, que generan dudas y recuerdan aquel incongruente e inexplicable “no es no” (a favorecer la investidura de Rajoy, a nuevas elecciones y a gobernar con apoyos independentistas), contradictorio con la defensa de la gobernabilidad, que acabó como acabó. Un “sí pero” que significa yo te respaldo rotundamente en la lucha contra el secesionismo totalitario pero soy reticente a que apliques todos los mecanismos constitucionales que tienes para hacerlo. ¿Alguien lo entiende? Y, si no es así, quien lo plantea debiera explicar nítidamente a los ciudadanos por qué si llega el caso no se ha de aplicar semejante medida y sí otras como, por ejemplo, la Ley de Seguridad Nacional. Cabe preguntarse, ¿y si no fuera suficiente con ello, se dejaría a los gobernantes independentistas proseguir su ilegal camino? En fin, un “sí pero” insuficiente que genera sombras de duda innecesarias.
            Pero además es que este “nuevo PSOE” de Sánchez, pide “mesura” y “proporcionalidad” en la respuesta del Gobierno a los independentistas, tanto en sus acciones como en sus “declaraciones”, ya que, según Robles, algunas de ellas “se pueden entender como una provocación”, y exige a Rajoy “vías de diálogo” con los secesionistas al entender que no ha dado los “pasos necesarios” para entenderse con los independentistas y, que, en caso contrario, será el PSOE quien plantearía “iniciativas legislativas”, concluyendo que “los problemas en política no se solucionan acudiendo a los tribunales” cuando son cuestiones “netamente políticas” y “hay muchas vías jurídicas y políticas para abordar esta cuestión”. Es decir, “mesura” y “proporcionalidad” ante la desmesura y desproporcionalidad de los gobernantes independentistas y no provocarles respondiendo contundentemente a sus reiteradas provocaciones intolerables, cuando la mayor mesura y proporcionalidad es sencillamente la aplicación de la Ley; “vías de diálogo” y “pasos necesarios” con quienes no quieren dialogar salvo para independizar Cataluña como sea, cuando inútilmente se ha ofertado dialogar a condición de hacerlo en el marco de la legalidad; “iniciativas legislativas” socialistas para resolver el asunto, que no ponen encima de la mesa… Es cierto que los problemas políticos no se solucionan sólo con los tribunales, por ello sólo se lleva a quienes, como es el caso, desde las propias instituciones democráticas se saltan la legalidad vigente para independizar Cataluña y no a quienes la reivindican. ¿Acaso la aplicación de la ley no es en democracia la esencial “medida política” para el mantenimiento del Estado de Derecho? ¿No es el requisito previo y el marco para el resto de diálogos políticos? Por ello, no es suficiente el “sí pero” de este “nuevo PSOE” que, como Ciudadanos, por ejemplo, debiera apostar por un “sí rotundo” y sin reticencias.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

lunes, 19 de junio de 2017

SOMOS LA IZQUIERDA



                        Desde aquel lema o eslogan del XXVII Congreso del PSOE en 1976, “Socialismo es libertad”, el primero en España tras la Guerra Civil, y el del “Por el cambio” de la campaña electoral de 1982, que tantos apoyos concitó, hasta el actual de “Somos la izquierda” del XXXIX Congreso Federal, recién celebrado, ha llovido mucho. Tanto que los propios delegados al Congreso, los medios y los tertulianos hablan de un “nuevo PSOE”, como si el viejo PSOE ya no sirviera para nada, como si hubiera que enterrarlo, como si no hubiera existido, cuando es protagonista privilegiado y responsable primordial del cambio político en España, del tránsito de la dictadura a la democracia, del subdesarrollo al desarrollo en todos los sentidos, de la falta de libertades a la consolidación de la libertad, del aislamiento al reconocimiento internacional, de la desigualdad a la igualdad, del centralismo gubernamental a la descentralización territorial jamás pensada… En fin, de tantas y tantas urgentes necesidades que, tras el lema de su histórico Congreso definiendo su esencia principal como partido, “la libertad”, resumía en su eslogan de campaña electoral posterior, “el cambio”, que, en todos los sentidos, necesitaba nuestro país para situarse en un lugar privilegiado del concierto internacional, homologándose con la parte del mundo que apuesta por la democracia y la libertad. Y, obviamente, el éxito fue arrollador. Así suele suceder cuando los objetivos políticos de un proyecto son claros y cuando el análisis de la realidad es acertado. Y así fue hasta que en 1996, ya en plena democracia consolidada, se produce el siguiente relevo gubernamental, lógico y saludable en democracia, producto del lógico desgaste, de algunos desaciertos y de algunas conductas indeseables por parte de algunos dirigentes. Hasta aquí, todo normal, pero desde entonces el PSOE, lamentablemente, va de mal en peor, dando tumbos y palos de ciego, a pesar de que extraordinarias circunstancias propiciaran de nuevo su acceso al Gobierno en 2004, y sobre todo, muy especialmente, desde que se hizo palpable su incompetencia para afrontar la crisis económica que llevó a nuestro país al borde de la ruina y al PSOE a la oposición de nuevo.
            Pero si aquel “viejo PSOE” jamás tuvo que reafirmar su identidad en sus lemas congresuales, pues todo el mundo sabía lo que era y representaba, mal asunto que este “nuevo PSOE” tenga que hacerlo para darse a conocer y además de forma imprecisa. ¿Es que el “viejo PSOE” no era de izquierdas? ¿Qué era pues? ¿Acaso los comunistas no reivindicaban sin éxito que la izquierda eran ellos desde el principio? ¿Y qué? Es paradójico que, cuando el comunismo (la otra izquierda, pues no sólo hay una) se ha diluido estratégicamente entre opciones populistas y anticapitalistas, maquilladas como transversales para disfrazar su verdadero proyecto totalitario y caduco, el “nuevo PSOE”, como solía hacer tanto el PCE como IU, recoja su fracasada estrategia y haga gala presuntuosa no ya de girar a la izquierda en sus políticas sino de ser la izquierda misma, única y sacrosanta. ¿Decir “somos la izquierda” supone que somos comunistas, anarquistas o anticapitalistas? ¿Acaso dichas opciones “de izquierdas” no son incompatibles en sí mismas con la izquierda socialdemócrata? Me temo que este “nuevo PSOE” sigue instalado en una nebulosa falaz, cuando lo que interesa a los españoles es conocer las propuestas, concisas y concretas, para resolver sus problemas desde una óptica de izquierda moderada, socialdemócrata y progresista, frente a las provenientes de una izquierda radical minoritaria en toda Europa. Si además el “nuevo PSOE” se suma al errático análisis de la realidad de la otra izquierda, una España catastrófica al borde del abismo, ni sus objetivos políticos son claros ni el análisis de la realidad acertado. Lo contrario de lo que sucedía con el “viejo PSOE”, hasta que inició un cambio de rumbo hacia la indefinición y la pérdida de identidad.
            Si entonces el principal problema de España era consolidar la democracia, afianzando la libertad, la igualdad y la solidaridad de todos los españoles, para que dejaran de ser súbditos y se convirtieran en ciudadanos, hoy el principal problema es todo lo contrario, un pulso totalitario a la democracia, concretado en especial en el desafío independentista catalán y más amplio y difuminado por quienes pretenden acabar con el Estado de Derecho, al que tachan como “régimen”. ¿Estará el “nuevo PSOE” a la altura de las circunstancias? De momento la inoportuna inclusión en su proyecto de la “España plurinacional”, tan del gusto de la otra izquierda y de los secesionistas, genera bastantes incertidumbres, pues, en el mejor de los casos, sería un proyecto teórico a largo plazo al requerir una mayoría cualificada en las Cortes Generales y en el pueblo español, hoy bastante improbable, y al plantearse en pleno desafío totalitario independentista. ¿No sería preferible ser socialistas en vez de ser “la izquierda”? Pienso que sí.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

viernes, 2 de junio de 2017

SECESIONISMO, JUGANDO CON FUEGO



                        Dice el refrán que “quien juega con fuego se quema” y eso es lo que le está pasando a España desde hace tiempo con el ilegal “procés” secesionista de Cataluña, al extremo de que estamos a punto de quemarnos, si es que no nos hemos quemado ya. Ni los sucesivos gobiernos que ha habido en España, ni los respectivos partidos que los han sostenido, han estado a la altura de las circunstancias y, más pendientes de las estabilidades gubernamentales o de los réditos electorales que de la consolidación democrática, han ido alimentando la bicha nacionalista, hoy convertida en monstruo independentista, a base de concesiones intolerables a su insaciable voracidad competencial y a base de mirar para otro lado cuando, rebasando dichas competencias, los gobiernos autónomos han ido saltándose, intolerable e indecentemente, la legalidad vigente, actuado descaradamente al margen de la Ley y socavando peligrosamente el Estado de Derecho. Al final, de aquellos polvos, estos lodos, y hoy estamos abocados a afrontar un difícil desafío totalitario, consolidado y plagado de demagogias, mentiras y verdades a medias, que han ido calando impunemente en algunos sectores de la ciudadanía gracias además a las interesadas ambigüedades sobre determinados conceptos y a las equidistancias calculadas con los independentistas por parte de determinados partidos democráticos, que, en vez de posicionarse clara y contundentemente del lado de la democracia y la legalidad sin fisura alguna ni resquicio para otorgar la más mínima credibilidad a los totalitarismos secesionistas, prefieren anteponer sus intereses particulares al esencial interés democrático general. Es inaplazable pues desenmascarar de una vez por todas a quienes están firmemente del lado del Estado de Derecho y a quienes, jugando al despiste, siguen alimentando el monstruo del independentismo totalitario con inexactitudes demagógicas sobre procesos y conceptos básicos que, planteados de forma genérica interesada, se presentan de forma engañosa a la ciudadanía.
            De entrada hay que aclarar que en democracia, en cualquier Estado de Derecho, nadie está por encima de la Ley, democráticamente establecida, ni de los procedimientos acordados para modificarla, por lo que ningún gobernante o institución democrática puede actuar de manera absolutista sobre competencias que no le corresponden. Por tanto, al margen de la bondad o maldad de las pretensiones que se tengan, ni Rajoy ni Puigdemont, ni el Gobierno Español ni la Generalitat de Cataluña, pueden pactar un “referéndum independentista” no contemplado en nuestro marco legal; ni el Parlament tiene potestad para instarlo, pues sólo las Cortes Generales, sede de la soberanía nacional, estarían capacitadas competencialmente para, previa modificación de la ley, permitirlo o no en el futuro. Y Puigdemont se niega a exponer su proyecto en el Congreso, tal como le indica Rajoy, actuando no sólo al margen de la ley, sino además instando a que lo haga el Presidente del Gobierno.
            Y, por si lo anterior no fuera suficiente para oponerse al “procés”, los independentistas engañan a la ciudadanía jugando con conceptos genéricos e imprecisos como el “derecho a decidir”, inexistente en la legalidad internacional y en el derecho constitucional, sin precisar qué decidir y cómo decidirlo, lo que, mezclado con conceptos resbaladizos y ambivalentes, como “nación” o “pueblo”, se convierte en una verdadera bomba antidemocrática en manos de los totalitarismos. En efecto, al igual que ellos hablan de “nación catalana” o “pueblo catalán” está acuñado y asumido en términos jurídicos e históricos los conceptos de “nación española” o “pueblo español”, al que pertenecen, entre otros, el territorio de Cataluña y los catalanes, sobre todo, porque así lo han ido decidiendo conjuntamente a lo largo de la Historia compartida, incluido el referéndum que ratificó la vigente Constitución Española, con amplísimo respaldo de los catalanes, y que define a España como “nación”, fundamentándose en su “indisoluble unidad” como “patria común e indivisible de todos los españoles”. Por tanto, no estamos ante un inexistente, impreciso y genérico “derecho a decidir”, que ya satisficieron los catalanes y el resto de españoles, sino ante el existente, preciso y concreto “derecho a la autodeterminación de los pueblos”, que en el derecho internacional queda restringido a “pueblos y países sujetos a dominación colonial” o a pueblos sometidos a dominación racista o extranjera que no gocen de libertad ni tengan derechos ciudadanos, lo que obviamente no es el caso de Cataluña, por lo que siempre prevalecería el principio de “integridad territorial del estado” al que pertenece y del que forma parte desde hace siglos.
Así pues, una hipotética independencia de Cataluña, máxime si se lograra por vía unilateral y al margen de la ley, estaría condenada directamente a la repulsa generalizada del orden internacional establecido, pues sería una violación al mismo, inadmisible para la inmensa mayoría de los Estados que conforman el actual mapa mundi político. Jugar pues con supuestos derechos a decidir, con nación de naciones españolas y con cosas por el estilo es sencillamente apostar por el totalitarismo frente a la democracia.  
                        Fdo. Jorge Cremades Sena

martes, 23 de mayo de 2017

UN NUEVO PSOE



                        Vaya por delante que la contundente e inapelable victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE merece la felicitación más sincera, personalmente a él y globalmente al bloque sanchista, al margen de las preferencias que cada uno tenga por cualquiera de los candidatos, así como el deseo de éxitos y aciertos futuros para este “nuevo PSOE” que él mismo anunciaba en Ferraz tras su triunfo, mientras agradecía a Patxi López y Susana Díaz (abucheada por los asistentes) su participación en el proceso y manifestaba su disposición a luchar por la “unidad” del partido, ante el griterío de “¡Gestora, os ha llegado la hora!”. Desconocemos a qué “unidad” de partido, si al viejo o al nuevo, se refería cuando, eufórico, sentenciaba con toda razón que “hoy empieza todo, vamos a construir el nuevo PSOE”, pues estas primarias trascienden el objetivo de elegir al nuevo líder del partido y apunta más allá que a una mera renovación o reconstrucción del mismo dentro del tradicional espectro ideológico del socialismo democrático o socialdemocracia europea. La realidad es que poco más de setenta y cuatro mil personas, militantes socialistas, finiquitan de entrada un tradicional PSOE centenario, fundado por Pablo Iglesias Posse, contra otros tantos militantes que pretendían conservar sus esencias orgánicas e ideológicas y frente a millones y millones de personas que, sin ser socialistas, han venido apostando por él, con la agravante de que otro Pablo Iglesias, en este caso Turión, crecido por las cuitas socialistas y desafiante, acecha desde las filas radicales comunismo-populistas para liderar la izquierda española mediante el sometimiento de los socialistas, como ha sido tradicional desde la fundación del PCE, precisamente a costa de una fractura del PSOE, y luego durante la República y la Guerra Civil, tras el varapalo electoral comunista en la Transición, con la posterior creación de IU y ahora con el nuevo invento de IU-Podemos, última versión de los radicalismos izquierdosos, que no de izquierdas, con claras tendencias antisistema y totalitarias. Basta echar un vistazo a la Historia para constatar esta realidad. No en vano Iglesias, nada más conocer la victoria de Sánchez, se ha apresurado a ofrecerle la retirada de su moción de censura si él, como líder de este “nuevo PSOE”, presenta inmediatamente otra, que apoyaría, cuando hace pocos meses votó en contra de su investidura cuando lideraba el “viejo PSOE”, el de toda la vida.
            Nada que objetar pues a la inapelable victoria de Sánchez, pero muchas dudas sobre el futuro del socialismo democrático y la manida oferta de unidad que antaño utilizaron todos los secretarios generales tras ser elegidos. No hay que olvidar que la victoria de los sanchistas ha rebasado todos los límites de la decencia democrática durante la campaña, basada en enfrentar a los militantes con los barones (salvo los sanchistas como el castellanoleonés Tudanca o la balear Armengol, que son los buenos), con el aparato y con la vieja guardia, quienes han sido calificados como “momias”, “traidores”, “mafia”, “golpistas”, “degenerados del partido adjunto al PP”, “gentuza”… y Susana, la principal rival de Sánchez, como “sultana”, “gusana”, “de derechas”… alardeando en las redes sociales del más típico lenguaje podemita, insultante y descalificador del enemigo, con el único argumento de “echar al PP” de las instituciones. Ahora, con la legítima pretensión de instalarse ellos de nuevo en el aparato con Pedro Sánchez a la cabeza, deberán explicar a los militantes y, especialmente, a los votantes como es creíble esa idílica “unidad” prometida en la que cabe, junto a su nuevo angelical e inmaculado soplo democrático de izquierdas del incipiente “nuevo PSOE”, toda la porquería que, según ellos, anida en esa “gentuza”, “golpista” y “de derechas”, que conforma el aparato del “viejo PSOE”, elegido democrática y estatutariamente, y que lidera el partido y gobierna en autonomías y ayuntamientos gracias al apoyo de los votantes.
            Sólo será posible la “unidad” si, como decían en campaña, “tenéis que votar todos a Pedro, así nos quedamos los socialistas de corazón”. Pero no ha sido así pues la mitad de la militancia no le votó y, en ese caso, sólo cabe la “unidad” si ese “nuevo PSOE”, que proclama Sánchez, expulsa o relega a mera comparsa a todos aquellos militantes que, según ellos, no son de corazón. Ya ven, cuestión de sentimientos. Y es que cuando se desatan los demonios de la demagogia cuesta mucho volver a atarlos. El “viejo PSOE”, el de tantos éxitos históricos, ya no volverá a ser el mismo, pretende ocupar su espacio un “nuevo PSOE”, el de Sánchez, defensor de la plurinacionalidad o “nación de naciones” frente a la indisolubilidad de España, ambivalente con Podemos y asambleario o “de la militancia” frente a la democracia representativa, presidencialista y escorado a la radicalidad frente a los órganos de dirección y la moderación tradicionales. La unidad entre ambos modelos es simplemente una falacia, por más que así se quiera presentar a los ciudadanos.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

lunes, 8 de mayo de 2017

GUERRA CIVIL SOCIALISTA



                        Si definimos “guerra civil” como la que se da entre dos o más bandos de una misma nación, valga como ejemplo la “guerra civil española”, bien podemos definir por analogía como “guerra civil socialista” a la que se han declarado dos o más bandos de un mismo partido, en este caso del PSOE, con motivo de las primarias, pues de una verdadera guerra interna se trata a tenor de lo actuado hasta la fecha por militantes y dirigentes. En efecto, durante la fase de captación de avales, se ha consolidado el proceso de fragmentación del partido en dos grandes bandos irreconciliables y un tercer bando minoritario, que supuestamente pretende una reconciliación condenada al fracaso. En realidad, hoy conforman el PSOE dos partidos antagónicos, como los dos bandos que conformaban la España del 36 que acabaron finalmente en tragedia, y, si nadie lo remedia, en tragedia puede acabar el PSOE, tal como afirma el candidato menos apoyado, Patxi López: “si seguimos haciendo mal las cosas, podemos desaparecer; estamos en una situación límite por la división interna”. Y no le falta razón al socialista vasco ya que en este proceso de primarias no sólo está en juego el liderazgo del partido y su pertinente renovación orgánica, al que tiene legítimo derecho a aspirar cualquier militante, que es lo que debiera ser el fondo de la cuestión, sino que además está en juego su propia ideología socialdemócrata de las últimas cuatro décadas, que tantos éxitos le han dado. El modelo organizativo e ideológico del PSOE es lo que se está jugando hoy a cara de perro, viéndose venir desde el momento en que la anterior cúpula dirigente, liderada por Pedro Sánchez, para no acatar la decisión final del Comité Federal, máximo órgano de dirección socialista, dimitiera de malas formas al no poder imponer su criterio, cuestionando desde entonces la legitimidad del mismo y la pertinente dirección socialista transitoria, la Gestora, para erigirse como el valedor indiscutible de la militancia frente a los órganos de dirección, de la democracia interna directa frente a la delegada y del verdadero socialismo de izquierda frente a la socialdemocracia, que son las señas de identidad con las que ahora se presenta demagógicamente como candidato frente a quienes no defienden la militancia, ni la democracia, ni son socialistas ni de izquierdas….es decir, como miembros de otro partido y no del suyo.
            Y en esta guerra civil socialista, como en todas las guerras, si el fondo de la cuestión es dramático, las formas son trágicas, ya que de lo que se trata no es de convencer sino de vencer al contrario. Y para vencer, cuanto más juego sucio, mejor. Mientras Susana Díaz se empeña en defender que “no hay buenos ni malos” y que “todos somos compañeros y compañeras”, desautorizando de alguna forma a su Secretario General de Málaga por llamar a Margarita Robles “hija puta”, basta asomarse a las redes sociales, la actual panacea del proselitismo político, para saber por dónde van los tiros contra ella y sus partidarios: “la gusana”, “que es de derechas”, “doña Susana”, “la gente de Susana ni han jugado limpio ni lo van a hacer”, “que esperamos de gentuza, degenerados del partido adjunto al PP”, “tenéis que votar todos a Pedro y ya nos quedamos los socialistas de corazón”, “estómagos agradecidos, a ver la Sultana, golpista y traidora”… Son algunos de los piropos que se dedican entre compañeros socialistas, como convincentes argumentos para cosechar avales y conseguir ser proclamados candidatos.
            Pero esto no ha hecho más que empezar, pues ahora se trata de ganar las primarias y erigirse en Secretario General. Y, al efecto, como la más apoyada es Susana, pero entre los apoyos de Sánchez y López sumarían más, Pedro se apresura en manifestar “tiendo la mano a mi querido compañero Patxi López para hacer del PSOE un partido de izquierdas” y éste le contesta “no me parece la forma correcta, tenemos que parar esto, la fractura ha llegado a niveles de emergencia, esto es suicida”, mientras Susana irónicamente afirma que “alguno, al que no le salen los números, al segundo día solicita acuerdos de mesa camilla”. Las espadas están en alto y, como último episodio de la refriega, durante un acto de Pedro Sánchez el alcalde de Calasparra denuncia “prácticas mafiosas” de la Gestora y llama “faraona” a Susana, echando más leña al fuego en esta indecente guerra civil socialista. A la espera del desenlace final, lo trágico para el PSOE, gane quien gane, es qué harán el día después de revolcarse en este fango de hedor insoportable que hace imposible la futura convivencia de los dos bandos del partido o, mejor dicho, qué hará el partido que pierda las primarias, ya sea, según ellos mismos, el mafioso de derechas o el auténtico socialista de izquierdas. La unidad ya no será creíble para la ciudadanía.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

Google+ Followers