martes, 30 de abril de 2013

ASEDIO ESPERPÉNTICO


                        Desde que apareció la noticia de que la Plataforma ¡En Pie! –son tantas las plataformas que ya no se sabe quienes son unos u otros- tomaba la iniciativa de “asediar de forma indefinida” el Congreso de los Diputados hasta que “caiga el régimen” me vino a la memoria la época medieval en la que tan frecuentes eran estas prácticas para dirimir las rivalidades entre la nobleza. Entonces, nada era más eficaz para someter al rival en su propio terreno que rodearle en sus dominios (ciudad, fortaleza u otro lugar) para atacar a las fuerzas enemigas que están dentro o para impedirles que salgan o que reciban ayuda del exterior. Eso era un asedio en toda regla. Si eras perseverante y tenías la fuerza suficiente, el éxito estaba más que asegurado. Era cuestión de tiempo. El desgaste progresivo del asediado siempre jugaba en su contra y, salvo circunstancias imprevistas favorables, el desenlace final era la rendición, que, pactada o no, se materializaba antes o después, dependiendo de la capacidad de resistencia. Eran otros tiempos, con otras mentalidades y otros medios, que nada tienen que ver con los de hoy.
Pero, si en la actualidad se suele proceder de otra forma, no faltan quienes, añorando los viejos tiempos, consideran que la intimidación y el acoso siguen siendo válidos para conseguir los fines que pretenden. Y en esta deriva progresiva de imponer la razón de la fuerza se inscribe el referido asedio que, coincidente en sus objetivos con la anterior iniciativa de “ocupa el Congreso”, ya ni repara en el uso de eufemismos para generar cierta confusión sobre la esencia de su naturaleza, al extremo de provocar el rechazo por parte de determinados grupos o plataformas que entusiásticamente apoyaron aquella iniciativa. En definitiva, una convocatoria auténtica sin pretender engañar a nadie como entonces, lo que, en el fondo, es de agradecer. En su llamamiento no hay espacio para la confusión, reconocen sin tapujos que conscientemente se niegan a cumplir las reglas que impone un régimen al que pretenden “derrocar”, advierten a los convocados que, comenzando por la “no notificación”, que es preceptiva, el “régimen” puede tener la excusa para una represión indiscriminada y enumeran todas las posibles estrategias a desarrollar mientras dure el asedio, que aspira a ser indefinido. Una declaración de guerra sin paliativos. El enemigo, el sistema democrático; el objetivo concreto, su esencial institución, el Parlamento; sus promotores, los autoproclamados defensores de la libertad.
Como era de esperar, el desmarque de otros grupos ante tamañas precisiones –la mayoría, pretendiendo similares objetivos, se mueven mejor en el río revuelto del confusionismo- ha convertido tan libertaria iniciativa en un asedio esperpéntico. Lo que, según los medios, iba a ser una tumultuosa manifestación asediando el Congreso, al extremo de no celebrar la sesión plenaria prevista, supongo que para evitar males mayores, ha quedado reducido al bochornoso espectáculo de unos 2.000 individuos vociferando, insultando y agrediendo verbal y físicamente a los policías antidisturbios, unos 1.400, que las autoridades competentes habían situado en la zona. El resultado, la dispersión y el levantamiento del “sitio” por parte de sus convocantes tras las primeras refriegas con los agentes, no sin dejar una treintena de heridos, afortunadamente con carácter leve, repartidos entre asaltantes y policías casi por igual. El motivo de la desconvocatoria: “debido a que no vemos fuerzas suficientes consideramos que no es prudente continuar con la acción”, pues, “continuar con la estrategia no tiene sentido por el insuficiente apoyo social”. Es decir, como en estos momentos no conseguimos rendir el castillo, nos retiramos estratégicamente para sitiarlo en cualquier otro momento que nos sea más propicio. También se hacía así en el medievo.
Pero lo que realmente llama la atención, no es el espectáculo en sí mismo, sino que, ni antes, ni en el momento de producirse, ni después se haya producido una condena unánime e indiscutible por parte de los partidos políticos, organizaciones sindicales y empresariales, asociaciones profesionales, medios de comunicación e instituciones del Estado. Asuntos tan graves, por esperpénticos que resulten, no deben utilizarse de forma frívola para obtener supuestas ventajas particulares. Al fin y al cabo son atentados directos contra la democracia que merecen tolerancia cero por el bien de todos los ciudadanos, independientemente de su color ideológico o su posición social. Cuestionar si fueron exageradas o insuficientes las medidas preventivas, las respuestas policiales a las provocaciones, o calificar el evento de carácter “pacífico” cuando su convocatoria encierra tamaña violencia es de una irresponsabilidad meridiana. Un claro triunfo para los liberticidas que, a pesar de su esperpéntico fracaso en este acto concreto, obtienen como botín demasiados policías heridos por no actuar de forma más contundente ante el temor de ser criticados después y, lo que es peor aún, la suspensión de una sesión plenaria que, a mi juicio, jamás debiera haberse producido. Demasiado premio para tan burdos liberticidas.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

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