sábado, 29 de marzo de 2014

SECUELAS DEL 22-M

                        Todo lo relacionado con la movida del 22-M nos deja episodios dignos de enmarcar. Resulta que, mientras informes policiales advierten que los grupos violentos del 22-M justifican el asesinato para lograr sus objetivos (según dice la prensa), entre ellos el de “desestabilizar el Estado”, un juez justifica la puesta en libertad de los sujetos, puestos por la policía a su disposición, porque “no hubo voluntad de ocasionar daños físicos” o porque alguno de ellos “tiene 19 años y domicilio conocido”, en tanto que el Director General de la Policía manifiesta que “les haremos frente con toda firmeza”. Por otro lado, la izquierda radical, incluida IU, y algunos convocantes de las marchas “pacíficas”, llegan a comparar a la policía que intervino (con más de setenta heridos entre sus filas) con las fuerzas de seguridad nazis, sin condenar enérgicamente la violencia generada por los grupos violentos; el PSOE, condena los hechos tarde y mal, alegando que el luto por Suárez le impidió condenar las agresiones en su debido momento; y, por si fuera poco, el PP anda a la gresca entre partidarios y detractores de limitar los lugares e itinerarios de las manifestaciones de cara al futuro, estableciendo una especie de “manifestódromos” para las protestas, que, al final, parece que han rechazado, aunque la vicepresidenta ha dicho que, en todo caso, hay que “buscar el equilibrio entre los derechos de los que protestan y de los demás”. En fin, un galimatías que no hay por dónde cogerlo, rematado por la censura del Poder Judicial al proyecto de Ley de Seguridad por considerar algunos preceptos inconstitucionales, por lo que Interior se ha comprometido a hacer los cambios pertinentes; como debe ser.
            No cabe duda de que con este laberíntico estado de cosas nadie entiende absolutamente nada, máxime cuando desde las tertulias y debates televisivos cada uno arrima irresponsablemente el ascua a su sardina para embrollarlo todo más aún. De entrada, se puede deducir que, si alguien golpea a la policía con un pedrusco en la cabeza, abriéndole una brecha descomunal, si de un golpe le rompe los dientes o le da un pinchazo, si destroza los escaparates a pedradas, si quema contenedores o bienes públicos en plena calle, si grita a los heridos “dejadles morir” o a los acorralados “vamos a matarlos, que son pocos”, en definitiva, si comete otros tantos actos salvajes de este tipo, para actuar contra ellos de forma contundente se requiere además una especie de diagnóstico surrealista sobre la voluntariedad o no de dichos sujetos para hacer dichos daños físicos, con el añadido de que, además, haya superado con creces (no por la mínima) la mayoría de edad y encima carezca de domicilio. Por tanto, nada que hacer contra ellos; sus actos violentos carecen de la circunstancia o requisito punible de la voluntariedad (no sé si también el de la temeridad), pues obedecen a una especie de innatos actos reflejos irrefrenables y exentos, lógicamente, de cualquier imputación penal. Vamos, algo así como cerrar los ojos cuando de forma brusca te ponen un objeto cerca de ellos. Es obvio que, con tales premisas, al perseguir tales conductas lo que se pretende es cargarse de un plumazo el derecho constitucional de reunión y manifestación. Así defienden o, al menos, justifican la impunidad de estos sujetos los irresponsables profetas del caos. Eso sí, cuando un poli en semejantes circunstancias se extralimita en la apreciación exacta de la obligada y subjetiva proporcionalidad, no cabe duda: su voluntad es hacer daño innecesariamente, aunque sólo él sea el autorizado legalmente para ejercer la violencia. Está más que probado y ni siquiera requiere el psicoanálisis de la voluntariedad. ¿Acaso no son los encargados de someter al pueblo a este régimen fascista? Es el argumento de tan genuinos libertadores.
            Desgraciadamente cada uno de los episodios como el del 22-M va dejando secuelas que debilitan progresivamente nuestra convivencia democrática, minando peligrosamente los cimientos de la seguridad ciudadana. Es urgente y necesario, de una vez por todas, establecer la equidistancia entre los derechos de quienes se manifiestan y los del resto de ciudadanos. No hacerlo supone un agravio para unos u otros. Así lo tienen establecido en cualquier país democrático serio. Establecer las condiciones adecuadas para erradicar la violencia, venga de donde venga; es el mayor enemigo de la democracia, sin olvidar que, en todo caso, es el Estado quien tiene el monopolio de ejercerla a través de sus fuerzas de orden público cuando sea preciso y con la colaboración ciudadana, no al contrario. Precisar de forma concreta el concepto de proporcionalidad, que no puede servir para ensuciar el trabajo policial sistemáticamente a base de apreciaciones subjetivas interesadas, sobre todo si se ejerce frente a sujetos violentos que les agreden, les insultan y les amenazan, cuando, como autoridades que son, se les debe el correspondiente respeto.
Episodios como los acaecidos en el 22-M los hay en los demás países. Es inevitable. Lo evitable son las secuelas que dejan por culpa de este modo de afrontarlos que, en definitiva, favorece a los violentos, quienes, progresivamente perciben su alta dosis de impunidad ante la resignada e indefensa población,  mayoritariamente pacífica y democrática, y la frustración generalizada de la policía, mayoritariamente honesta en su trabajo. Conseguir la normalidad es tarea de todos. No es ni de izquierdas, ni de derecha. Es de todos los demócratas convencidos.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena
                                   D.N.I. 25.891.970-L
                                   Maestro jubilado.
                                   Ex Diputado en Cortes Generales por Alicante (1982-1996).

                                   Alicante, marzo de 2014.

martes, 25 de marzo de 2014

SUÁREZ, SIMPLEMENTE EXCEPCIONAL

                        Sería ocioso y pretencioso por mi parte sumarme al elenco de quienes, con mucha más autoridad que yo por su mayor proximidad al personaje, desvelan o intentan desvelar datos novedosos, si es que los hay, sobre la figura irrepetible de Adolfo Suárez, en estos días de luto y consternación por su fallecimiento, mientras que, de cuerpo presente, toda España, todas sus autoridades, empezando por el Rey, y, lo más importante, todo el pueblo de forma multitudinaria, le rinde el merecido homenaje que, ante todos, se tiene más que ganado a pulso por su acertado trabajo en la llamada Transición Española a la Democracia. Nada que añadir, por tanto, al papel protagonista indiscutible de Adolfo Suárez en la transformación de aquella España en blanco y negro en esta España en colores, libre y democrática, en que hoy vivimos, aunque, a veces, nos empeñemos en estropearlo.
            Nada que añadir pues a su impecable liderazgo, junto al Rey, de un difícil, casi imposible, trabajo, consistente en un proceso, inédito en la Historia, de transformar desde la paz y sin violencia un régimen dictatorial en un régimen democrático, homologable con los regímenes del entorno europeo, al que pertenece España y del cual llevaba excluida nada menos que casi cuarenta años. Por tanto, poco queda por añadir sobre la Transición (de la que en otros momentos ya me he expresado), paradigma histórico nacional e internacional de cómo se pueden hacer las cosas en momentos tan difíciles como los que vivía España a la muerte de Franco. La Reforma Política, la legalización del PCE, la amnistía, los Pactos de la Moncloa…. son hitos irrepetibles a lo largo de un camino que conducía a la reconciliación entre todos los españoles, a la libertad y la democracia, desde el infierno de la dictadura, y, en definitiva, a la devolución al pueblo de la soberanía que violentamente le habían arrebatado por la fuerza cuatro décadas antes. Por tanto, ni siquiera voy a aludir a los momentos de gloria de Suárez, sobradamente conocidos por todo el mundo. Simplemente, a modo de homenaje personal, me quedo con mi experiencia personal y la impresión que me causó cuando coincidimos, como diputados, en el Congreso, tras el triunfo del PSOE, mi partido, en 1982, y la debacle inesperada del suyo, el CDS, recién nacido.
            Dos circunstancias propiciaron que, tras conocer personalmente a Suárez en el Congreso de los Diputados, mi relación con él no se limitase al saludo habitual entre quienes comparten el mismo lugar de trabajo. Es decir, al hola y adiós. La primera, una vecindad de los escaños en el “tendido del ocho”, el más alejado de la bancada del gobierno, en que nos situaron a los parlamentarios del País Valenciano (motivos alfabéticos) así como a los grupos políticos con menor representatividad; el CDS sólo tenía dos escaños, el de Suárez y el de Rodríguez Sahagún. La segunda, un incidente en Santander, donde coincidimos por razones de trabajo, él para dar una conferencia en la Universidad Menéndez Pelayo, yo para celebrar unas jornadas culturales con políticos sudamericanos y, tomando café con ellos en una terraza del Sardinero durante uno de los recesos, nos sorprendió que dos individuos cantasen, brazo en alto, el Cara al Sol dirigiéndose a otra mesa relativamente cercana, ocupada por Adolfo Suárez y un periodista que, si mal no recuerdo, era Miguel Ángel Aguilar. Al percatarme del asunto me dirigí a la mesa para saludarle y presentarle a mis colegas que deseaban conocer al ya ex presidente del Gobierno. Ya en el Congreso le comento que menudos energúmenos los del incidente de Santander y él, con su habitual sonrisa, me responde que ya estaba acostumbrado. Desde ese día percibí en su actitud hacia mí como una especie de agradecimiento por aquel gesto y, desde luego, de mí hacia él un mayor grado de admiración sin lugar a dudas.
            Sorprendido por su entrega ilusionada a su nuevo proyecto político del CDS (siempre lo veía muy feliz cuando venía de inaugurar nuevas agrupaciones locales), un día le comento en la cafetería ubicada detrás del hemiciclo que no acababa de entender todo su entusiasmo, que me recordaba al nuestro pocos años antes cuando inaugurábamos una nueva casa del pueblo, y que lo entendía menos cuando él ya lo había sido todo en política, absolutamente todo; más o menos me comentó que era la primera vez en su vida que hacía política de abajo a arriba y que ello era ilusionante. Si me quedaba algún resquicio de duda sobre sus íntimas convicciones democráticas, que tanto habíamos utilizado contra él en las precedentes campañas electorales, quedó disipado desde aquella tarde. Por eso, para nada me sorprendió cuando, desde la puerta de la citada cafetería, fumándonos un cigarrillo (él fumaba mucho más que yo, que ya es decir), tras uno de los entusiastas debates (no recuerdo exactamente cuál), brillantemente ganado por Felipe, como era habitual, y con toda la bancada socialista en pie (nada menos que con 202 diputados) aplaudiéndole enfervorizada (eran otros tiempos) me comentó con añoranza: “Ya me hubiera gustado tener un partido como el vuestro”.
            Que estos pequeños recuerdos, sirvan como mi humilde homenaje personal a Adolfo Suárez, un hombre, simplemente, excepcional, tanto cuando estaba en la cumbre como cuando yo lo conocí y así me lo pareció. Descanse en paz.

                                               Fdo. Jorge Cremades Sena

lunes, 24 de marzo de 2014

MARCHAS POR LA DIGNIDAD

                        Decenas de miles de personas llegadas de todos los puntos cardinales de España, se han manifestado en Madrid, colapsando el centro de la ciudad, como destino final de las autodenominadas Marchas por la Dignidad. En la difícil situación  que atraviesa España es más que justificable el descontento (e incluso la indignación)  de millones de personas afectadas directamente por una o varias de las políticas adoptadas por el gobierno actual o los anteriores, quienes, al final, nos han conducido a este lamentable panorama social, político y económico. Pero, teniendo en cuenta que la queja es globalizada sectorialmente (abarcando todos los sectores, desde la educación a la sanidad, desde el paro a la reforma laboral, los desahucios, etc,) y territorialmente (desde Galicia a Andalucía, desde Baleares a Extremadura, etc,) y que tiene múltiples convocantes (decenas de colectivos sociales, sindicatos e incluso partidos políticos), extraña que, en vez de decenas de miles de personas, no hayan acudido a la concentración cientos y cientos de miles que, con toda seguridad, comparten y sufren directamente los efectos de alguna o varias de las carencias sectoriales aludidas o se solidarizan con quienes las padecen.
            ¿Quién no va a apoyar la reivindicación de “Pan, trabajo y techo para todos y todas” que plantean en su manifiesto? Todo el pueblo avala dicha petición, así como, probablemente, la de “ni un recorte más”, pues ya son demasiados los que soportan. Entonces, ¿por qué no salen millones y millones de personas a las calles ante una invitación tan sugerente?, ¿por qué las encuestas dan un pequeño porcentaje de apoyo electoral a todo el conjunto convocante?, ¿por qué sus líderes y oradores carecen de predicamento ante las masas y sobre todo ante las urnas? Seguramente se deba a que, junto a las citadas reivindicaciones, los convocantes proponen otras que la inmensa mayoría de ciudadanos no comparte, simplemente por sentido común, como, por ejemplo, “fuera los gobiernos de la troika” o “no al pago de la deuda”, bien porque saben que ese camino empeoraría la situación, bien porque no se fían de que sus mentores, en caso de obtener el poder, seguirían apostando por el modelo de democracia representativa occidental que, siendo susceptible de todo tipo de mejoras, no deja de ser, hoy por hoy, el modelo que, a pesar de todo, mayor prosperidad y libertad ha aportado a los pueblos que la han practicado, entre ellos, España.
            El conglomerado de grupos antisistema y otros grupos radicales, encuadrados en los aledaños del sistema por pura conveniencia política en vez de convencimiento propio, genera muchas más incertidumbres de cara al futuro que el conjunto de partidos políticos que, al margen de sus respectivas ideologías, juegan limpio con las reglas de juego establecidas. Maestros de lo fácil, como la crítica despiadada a los gobernantes democráticos por las carencias que sufren sus gobernados, y pésimos alumnos de lo difícil, como aportar alternativas viables y compatibles con la libertad, utilizan falacias constantes para sustituir tan perverso sistema político democrático por otro, paradisiaco e indefinido, en el que, sin explicar cómo, todas las carencias mutan en universales abundancias para ser repartidas equitativamente, bajo la supuesta sapiencia inexplicable de líderes buenos y benéficos, frente a los gobernantes malos y maléficos democráticos, sean de derecha o de izquierda. Una invitación en toda regla a la nada o a regímenes de partido único.
            Si además al final de semejantes concentraciones, siempre surge una violencia desmesurada contra las fuerzas de orden público y los bienes públicos o privados que se encuentran en el trayecto, el rechazo mayoritario a las mismas, reflejado en las urnas, está más que justificado. Ya sé que se trata de “minorías violentas” que, curiosamente, siempre acompañan a este tipo de convocatorias, seguramente alentadas por la validez que algunos convocantes conceden a la violencia como método político adecuado para conseguir sus reivindicaciones. Pero, en todo caso, que haya más de un centenar de heridos (la mayoría policías, enviados allí para garantizar la paz y la seguridad ciudadana) evidencia los métodos violentos de grupos de manifestantes y la pasividad, en el mejor de los casos, del resto de la comitiva que, siendo tan mayoritaria y los grupos tan minoritarios, bastaría con un manifiesto respaldo hacia los cuerpos de seguridad para disuadir a los supuestos grupos violentos de que ese no es el camino. En fin, lo de siempre.
            “Dejadles morir” era el grito de los indignados, según un trabajador sanitario, mientras socorría a policías heridos. “Nunca los miembros de la UIP se han sentido tan desamparados por los responsables policiales y políticos” es el grito de los antidisturbios intervinientes, por haberles ordenado “no salir con los medios adecuados”. Algo estamos haciendo mal y cada vez peor. Es una indignidad que en estas marchas por la dignidad, nuestros policías, enviados para garantizar la seguridad con el monopolio democrático de utilizar la fuerza de forma legal si fuera preciso, sean las víctimas de “traumatismos craneoencefálicos, contusiones, pérdida de dientes, heridas por arma blanca, rotura de huesos….” tal como describe alguno de sus sindicatos, porque se les dio la orden de “aguantar” y de no utilizar material antidisturbios. Ante el resultado, ¿se imaginan qué tipo de paz impondrían estos sujetos violentos si detentaran el poder y tuvieran el monopolio del ejercicio de la fuerza? De momento, sólo la ejercen ilegalmente en estas concentraciones supuestamente pacíficas, sabiendo que pueden desbordar a la policía. Ahora, como pretende su abogado, toca que los detenidos salgan en libertad lo antes posible, vaya a ser que sus derechos ciudadanos sean atropellados. ¡Ah, y los desperfectos en el mobiliario público a pagarlos entre todos los españoles! Lo haremos con dignidad.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena
                                   D.N.I. 25.891.970-L
                                   Maestro jubilado.
                                   Ex Diputado en Cortes Generales por Alicante (1982-1996).

                                   Alicante, marzo de 2014.                      

viernes, 21 de marzo de 2014

SOBERANISMO A LA CARTA

                        Se ha puesto de moda, no cabe duda. El independentismo político crece y crece incomprensiblemente en paralelo a la globalización económica. Dicho de otro modo, mientras en lo económico la tendencia es derribar todo tipo de fronteras y aranceles, en lo político sucede todo lo contrario, lo que, a mi juicio, genera una cierta contradicción inexplicable, especialmente si dicho fenómeno prolifera entre los estados que conforman la UE. Curiosamente, liquidado en el siglo pasado el colonialismo europeo de África y Asía (en el anterior siglo ya se liquidó el de América), resurge ahora, con idéntico fervor soberanista el deseo de desmoronamiento político-territorial de la vieja Europa (colonizadora que no colonizada históricamente) con el pretexto de aplicar el derecho de “autodeterminación” bajo un supuesto principio de “derecho a decidir”, que no es el caso ya que éste fue diseñado por la comunidad internacional sólo para supuestos colonialistas o territorios sometidos a regímenes opresores, que impiden a sus habitantes un desarrollo en libertad asegurándoles un escrupuloso respeto a los derechos humanos, lo que, curiosamente, no sucede en Europa, al menos, y de forma clara y contundente, en los países de la UE (Ver art. “Autodeterminación y legalidad” del 21-2-2013 en Blog Ojo crítico, http://jcremadesena.blogspot.com.es/,).
            Por tanto, desarmados de cualquier resquicio de apelación a la legalidad internacional, salvo que lo contemple su legislación interna constitucional, los grupos soberanistas o independentistas que pretenden hacer declaraciones unilaterales de independencia se mueven irremediablemente en los aledaños del totalitarismo que, tanto de izquierdas como de derechas, tanta sangre derramó en Europa en el siglo XX, dando lugar, justo para evitarlo en el futuro, a una legalidad internacional que, cada vez más, se está convirtiendo en una mera caricatura, si es que no lo fue desde el principio. Lo sucedido en Crimea es buen ejemplo para corroborar que, como siempre, la ley de la fuerza es la que al final dirime los conflictos de intereses entre los diversos estados, lo que no deja de ser un mero acto de violencia en toda regla. Dice Putin, y dice bien, tras reconocer “ipso facto” la previa declaración de independencia de Crimea que alentó desde el inicio para anexionarla a Rusia con posterioridad, que EEUU hizo lo propio con Kosovo (excepto en lo referente a la anexión por razones obvias), pues, salvando las distancias, al final lo que menos importa es la legalidad del proceso, que, como ven, ni lo menciona. Es el triunfo de un soberanismo a la carta que tiene éxito o no si alguna de las potencias interesadas así lo decide. Hoy por ti, mañana por mí, importando un comino lo que diga la legalidad vigente y, aún menos, los argumentos históricos, políticos o culturales que esgriman para justificarlo, meras comparsas a favor o en contra según interese. Como decía Groucho Marx: “estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros” que, obviamente, aplicaré cuando me conviene. Es la triste realidad, la vieja ley de la selva, disfrazada con cínicas e hipócritas caretas para hacer más llevadera la vida cotidiana y la convivencia política internacional.
            Cada vez es más absurdo pues el discurso político razonado y razonable para convencer a los nacionalistas de que dejen sus ilegales planteamientos, sus absurdas apelaciones a historias inventadas y sus promesas de paraísos futuros inexistentes. No hará en ellos mella alguna, ya que es el abono imprescindible de su existencia política. Saben además que su proyecto es inviable de forma pacífica (jamás lo fue históricamente y, a lo sumo, como excepción que confirma la regla) y que dependerá, en todo caso, de decisiones ajenas. Es paradójico pues que en paralelo con la ilegal independencia de Crimea, Rajoy se siga enredando en responder a Mas que “situarse por encima de la Constitución es semáforo rojo” o que no habrá referéndum porque “la capacidad de decisión es del conjunto del pueblo español”. Mal asunto cuando hay que explicar lo obvio. De sobra lo sabe Artur Mas y compañía. También lo sabían los independentistas crimeos y el gobierno de Kiev. Sería más sensato responderle a Mas sin ambages que afortunadamente para España y Cataluña como parte de ella, no hay intereses, hoy por hoy, de ninguna potencia mundial en que el Estado Español, miembro de la UE, se desmorone, contagiando al resto de miembros (hasta el gobernador de la región italiana de Véneto ya se apunta al circo), y que, por tanto, su proyecto está abocado a un inevitable fracaso.
No más pedagógico, pero sí más contundente, sería decirles a los vendedores de soberanismos pacíficos ilegales a la carta, que tales productos no existen, que siempre son procesos agresivos violentos y que, para tener éxito, requieren del respaldo decidido de alguna potencia extranjera que, obviamente, no juega a ningún altruista proyecto desinteresado en favor de una supuesta liberación de la supuesta población reprimida, sino que juega a obtener beneficios propios de la operación, consistentes en muchas ocasiones a una dominación del territorio liberado. Una diabólica estrategia que incluso algunas veces desemboca en conflictos armados regionales o incluso internacionales, con la correspondiente ruina económica, pérdida de vidas humanas y desolación generalizada. Es lamentablemente el peaje a pagar por semejante locura.

                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

domingo, 16 de marzo de 2014

¿PARIDAD O PARIDA?

                        Ya conocemos la lista del PSOE para las elecciones europeas. Del PP ni sabemos quién será el que la encabece. Un punto, sin duda, a favor de los socialistas. Una candidatura, en todo caso, aprobada en el Comité Federal casi a la búlgara, con el 98% de apoyos, que no se corresponde con el ambiente discrepante entre la dirección del partido y quienes, no pocos, luchan por finiquitar su hegemonía. Pero, al final, todos contentos de puertas hacia fuera. Al fin y al cabo se trata de vender una falsa imagen de unidad ante los votantes, tal como hará el PP en su momento. En definitiva, vender un consenso casi unánime en la elección de los mejores candidatos, de los más capacitados para afrontar los retos de una Europa que se juega mucho en los años venideros. Sin embargo, de puertas adentro todo lo contrario. Baste, por no profundizar más en otros ámbitos, lo que afecta al PSPV, con su flamante líder Ximo Puig a la cabeza tras su éxito en las primarias abiertas que debieran servir de ejemplo de forma generalizada.
            El propio Puig dice que “es manifiestamente mejorable el proceso que se ha llevado a cabo” ya que se habría podido “organizar de otra manera, evitando algunas tensiones” y se queja de que “en algún momento determinado parecía que no se entendiera la importancia estratégica que tiene la Comunidad Valenciana”, para concluir al final que está “muy contento de la representación valenciana” al estar “en una posición buena”. Y todo, aparentemente, porque su previsión inicial era colocar a Ángel Luna, veterano comodín socialista desde hace años en el perdedor PSPV-PSOE, en una buena posición de salida en la lista, siendo sustituido por Inmaculada Rodríguez-Piñero que ocupará el número siete. La causa, la paridad. La consecuencia, una parida como la copa de un pino. El requisito sexista esencial de establecer listas de cremallera chica-chico o chico-chica, tan irracional como el de cuotas territoriales autonómicas (al albedrío del poder de sus respectivos barones), siendo España la circunscripción electoral, provoca la relegación de requisitos de idoneidad, como el mérito o la capacidad, que debieran presidir los criterios de elección de candidatos. La parida no consiste en optar por Inmaculada o Luna, sino en el argumento que justifica la elección de una u otro, es decir, en la paridad, así como en la territorialidad y su poderío que impide, entre otras cosas, que vayan ambos en puesto de salida o que no vaya ninguno de los dos. Si los criterios de conformación de listas, para ocultar verdaderos intereses de unos y otros, son este tipo de tonterías, estupideces y sandeces, paridas en definitiva, no nos puede sorprender después la incompetencia, incapacidad o mediocridad de nuestros gobernantes y representantes políticos, ni la falta de liderazgo de los mismos. Algunos, como el ex ministro José Blanco, han tenido más suerte que Luna. En fin, misterios sin resolver.
            Y una vez concluida la compleja tarea de elaborar una lista con los mejores y más preparados, tras la aplicación de tan concienzudos criterios de selección, todos contentos. A vender el producto lo mejor posible. Tal como dice Elena Valenciano, la indiscutible e indiscutida (se especula que por diferentes motivos) cabeza de lista, sustituyendo a López Aguilar, relegado al cuarto puesto sin más explicación, hay que conseguir que los comicios europeos sean el “punto de inflexión” y el “principio del fin de la hegemonía de la derecha”, agradeciendo expresamente a su segundo de a bordo, Ramón Jáuregui, su actitud “siempre generosa en el partido” al querer, en este caso, “compartir el liderazgo en esta aventura”, supongo que con la misma generosidad que cuando Aguilar la lideraba, aunque nadie entienda que, siendo el colíder anterior, al ser relegado el líder, no sea él quien lidere la lista. Más misterios sin resolver, cuando, hasta la absurda cremallera lo podría haber resuelto; en vez de chica-chico podría haber sido chico-chica, sin contradecir, supongo, a Rubalcaba, quien dice que “la lista cremallera es un mensaje para darle poder a las mujeres”. Como ven, una generosidad sin límites. Me refiero a la de López Aguilar y a la de Jáuregui.

            Entretanto, todo este escenario idílico de generosidades en beneficio del bien común y de Valenciano, así como de casi unanimidades en la defensa del proyecto adecuado, se completa con la presencia de Carmen Chacón, a petición propia, en la asamblea confederal de UGT, recibida por casi los ocho mil afiliados asistentes con el grito de “¡presidenta!, ¡presidenta!”, tras haber asistido al Comité Federal. No sabemos qué pensará sobre la generosa intención de Rubalcaba de dar poder a las mujeres con las listas de cremallera, como si el poder fuera suyo y se tratase de una graciosa concesión, ni sabemos tampoco qué pensará López Aguilar, valedor de Chacón frente a Rubalcaba en su día, sobre la incidencia de la lista de cremallera europea en su manifiesta devaluación personal dentro de la misma. Por cierto, Ximo Puig también apoyó a Chacón…… Mejor lo dejamos así, no quiero entrar en elucubraciones especulativas.
                            Fdo. Jorge Cremades Sena 

viernes, 14 de marzo de 2014

POLÍTICOS CON PEDIGRÍ

                        Algunos de nuestros políticos no dejan de sorprendernos con sus ocurrencias y despropósitos, al extremo de que obtendrían mucha más credibilidad ante los ciudadanos si, simplemente, cuando carecen de argumentos para defender sus tesis frente a sus oponentes, se quedasen callados. En efecto, en la más genuina línea argumentaría de Leire Pajín, Bibiana Aído y compañía (Ver “Ocurrencias y despropósitos” en Blog Ojo crítico, http://jcremadesena.blogspot.com.es/,  de fecha 3-3-2011) el diputado socialista por Alicante Gabriel Echávarri viene a ilustrarnos, desde el Pleno del Congreso, sobre el pedigrí que han de tener los políticos para, desde su punto de vista, obtener una fiabilidad ideológico-política, buena o mala. Descalifica el diputado al ministro Gallardón y a sus tesis sobre el aborto y la violencia de género, distintas obviamente a las del diputado, sin argumento concreto alguno (salvo el genérico de la intencionalidad de querer machacar la libertad de las mujeres) cuando hay para dar y tomar al efecto en favor y en contra, avalando su descalificación con el pedigrí del ministro, en este caso, negativo. Es decir, en una especie de determinismo genético-ideológico que, de aplicarse simplemente al resto de los miembros de la Cámara, pondría en evidencia, al margen de los pedigríes puros y auténticos, su alto índice de bastardía o mestizaje, no sólo en las filas de la derecha, sino también en las de la izquierda, invalidando las tesis del diputado en favor de un Parlamento formado por grupos políticos genéticamente puros desde el punto de vista ideológico. Una aberración sin duda, se mire como se mire, que nos conduce al absurdo, por no decir algo peor.
            Ni se sabe, ni tiene por qué saberse, ni tiene la menor importancia al ser un asunto irrelevante, desde el punto de vista político e ideológico, cuál es o fue la adscripción político-ideológica del padre o el abuelo de Echávarri, ni del resto de políticos que, ya ven, tan acertadamente dirigen nuestros destinos. Son ellos “per se” quienes, al margen de sus respectivos “pedigríes” ideológicos, a los que tanta importancia da Echávarrri, han de demostrar su capacidad personal, tras posicionarse ideológicamente, desde su libertad, dónde les venga en gana, al margen de lo que hicieran sus antepasados. Es un principio básico democrático sólo prostituido por mentes totalitarias que, en su afán maniqueo de dividir a las gentes entre buenos (ellos mismos) y malos (los ajenos), apelan, para justificar su aberración, a purezas ancestrales de origen para colocarlos en cualquiera de sus diabólicas categorías. Por ello no se entiende el argumento utilizado contra Gallardón por parte de Echávarri: “Usted....como un hijo de buena estirpe, se limita a seguir la senda que le marcó su padre, para hacer desaparecer los derechos y libertades de las mujeres” al que Gallardón responde “Atáqueme a mí, no me mencione usted a mi padre porque él está muy por encima de la dignidad que usted puede llegar a alcanzar”. Fin de la cita, que diría Rajoy. Como ven, un debate genético-político de valor incalculable para mejorar, en todo caso, el importante asunto que les ocupa.
            Dejando a un lado las cuestiones sobre estirpes y dignidades, lo cierto es que la intervención de tan alto representante parlamentario alicantino es un fiasco, tanto en el fondo como en la forma, así como en su inoportunidad. Apoyándose en el pedigrí del ministro, todo le cuadra: la violencia de género no está entre las prioridades del Gobierno ya que con el Gobierno socialista (de otra estirpe por supuesto) la lucha contra la violencia de género era “una cuestión de Estado”, mientras que con el PP (la estirpe maldita) “ha vuelto a las páginas de sucesos” convirtiéndose en “una cuestión privada” que “quieren que se ventile entre las cuatro paredes de una casa”. Y se queda tan pancho. Sin aportar datos concretos (salvo la pertenencia a la estirpe perversa) que avalen un cambio sustancial en las políticas de violencia de género o sencillamente un alarmante resultado estadístico progresivo que, a partir del gobierno popular, avale un incremento sustancial anual de víctimas mortales (71 en 2007; 76 en 2008; 56 en 2009; 73 en 2010; 61 en 2011; 46 en 2012 y 66 en 2013), es indecente utilizar como arma arrojadiza tan grave problema sin documentarlo con datos y argumentos serios irrefutables. Máxime cuando, para bien o para mal, fue un gobierno socialista el que puso la base legislativa del tratamiento del problema (Ley orgánica 1/2004 de 28 de diciembre…) que, curiosamente, acaba de ser cuestionada por Alejandro Soler, ex alcalde de Elche y compañero de Echávarri, tras haber sido absuelto y, por tanto, víctima del mal uso de la misma que, supuestamente, ha hecho su ex mujer acusándole sin fundamento de malos tratos. Una petición de modificación de la ley que Soler, tras sufrirla en sus propias carnes, propone justo en el sentido contrario de lo que Echávarri reprocha al ministro, cuando éste hace exactamente igual que lo que hicieron sus predecesores socialistas desde la aprobación de la ley.
            Si lo que pretende Echávarri es mejorar la protección de la mujer maltratada, en vez de considerar a sus oponentes políticos varones como especímenes de estirpes perversas y a las hembras como masoquistas empedernidas, mejor le iría si, tras pactar con Soler y el resto de sus compañeros las revisiones que propone para mejorar su propia ley, le oferta al ministro, olvidándose de su estirpe, las propuestas pertinentes. Entre ellas las que contemplen un mayor rigor frente a quienes utilizan la ley de forma fraudulenta, amparándose en el genérico concepto previo de adjudicar determinadas maldades y bondades según criterios sexistas.   

                            Fdo. Jorge Cremades Sena 

martes, 11 de marzo de 2014

POR UN PUÑADO DE VOTOS (ANIVERSARIO DEL 11-M)

                        Tras el más que merecido homenaje a las víctimas en los actos de conmemoración al cumplirse el décimo aniversario del atentado terrorista del 11-M, el más repugnante y mezquino de todos los sufridos en España, que no han sido pocos, es inevitable retrotraerse no sólo a aquel fatídico 11 de marzo de 2004, sino también a los indecentes comportamientos de nuestros políticos que, comenzando aquella misma tarde, en días sucesivos, especialmente hasta el día 14, fecha de las elecciones generales, nos ofrecieron las páginas más negras de cómo hacer política con minúsculas, a la que, tantas veces, nos tienen acostumbrados. Los españoles, especialmente los familiares y amigos de las víctimas, conmocionados por la barbarie salvaje de tan cruel matanza, no sólo tuvimos que soportar el inmenso dolor ante tan trágicos acontecimientos, sino además el inmenso asco ante el uso político de los mismos por parte del gobierno y de la oposición, origen, para muchos, del descrédito posterior de la política en España, dando la sensación de que en aquellos días lo que realmente importaba era rebañar unos cuantos votos con todo tipo de estratagemas hacia una ciudadanía conmocionada por el horror. No extraña que ni Aznar ni Zapatero, máximos exponentes entonces del gobierno y la oposición, hayan asistido al funeral de Estado que se ha celebrado; al parecer, ni han sido invitados.
            Si casi tres años antes el trágico atentado del 11-S en EEUU había unido más que nunca a demócratas y republicanos, demostrando al mundo entero cómo han de tratarse en democracia los asuntos de Estado ante amenazas violentas totalitarias, en España el 11-M, salvo en el inmenso dolor causado a los ciudadanos como en EEUU, supuso todo lo contrario. Los populares en el Gobierno y los socialistas en la oposición, junto al resto de la misma, se dedicaron desde el primer instante a la caza del voto que, a todas luces, pasaba, según las circunstancias políticas del momento, por la autoría del atentado. Si era ETA el PP se garantizaba de sobra la mayoría que casi todas las encuestas le daban; si eran los islamistas el PSOE tenía la posibilidad de darle la vuelta a la tortilla. Y por ello, desde el principio, mientras se recogían los cadáveres y los heridos eran trasladados a distintos hospitales, se desencadena una lucha política indecente para hacer valer públicamente una u otra de las versiones. Si el gobierno de Aznar se apresuró en señalar a los etarras, la oposición de Zapatero, nada más conocer los primeros indicios de que podrían ser los islamistas, se apresuró en acusar al gobierno de mentir. Cada quién a lo suyo ante la inminencia de unas elecciones, cuya jornada de reflexión comenzaba, aunque lo menos importante, como ven, era reflexionar.
            Tras aquel rifirrafe público cada vez más intenso entre Gobierno y oposición, se llega inevitablemente a la caótica jornada de reflexión que, con las sedes del PP asediadas por miles de personas, convocadas por las redes sociales no se sabe bien por quién, nos asemejaba a una república bananera. La acusación al Gobierno de mentiroso anuló cualquier versión de éste de haber errado en su apreciación. El resultado electoral es sobradamente conocido, el PSOE, aunque sin mayoría absoluta, gana las elecciones dando paso a la conocida como “era de Zapatero”. Una posterior instrucción para esclarecer los hechos, indudablemente deficiente, llena de especulaciones interesadas por parte de unos y de otros, va dando cuerpo, hasta hoy mismo, a una teoría “conspiranoica” incluso después de la sentencia, cuya “verdad judicial” no satisface a buena parte de la población que exige seguir investigando determinados asuntos, especialmente sobre los autores intelectuales del atentado.
            Es la consecuencia lógica de una mezquindad política manifiesta en la que prevalece el legítimo interés partidario electoral sobre todas las cosas, cuando hay asuntos que permanentemente debieran estar muy por encima de él. Por ello en EEUU se esclarecieron pronto y bien los trágicos sucesos del 11-S, restañando las heridas del dolor compartido por todos, y aquí estamos todavía hurgando en ellas de forma indecente, dividiendo no sólo a la sociedad en su conjunto, sino incluso a las mismísimas víctimas directas, quienes, al parecer, en este décimo aniversario se disponen a iniciar una andadura diferente sobre la versión de los hechos. No hubiera estado de más que algunos, tanto políticos como periodistas, hubiesen entonado ante la opinión pública y ante las víctimas en especial su “mea culpa” por sus inadecuados comportamientos ante hechos tan lamentables. Desgraciadamente algunos han preferido seguir echando leña al fuego, aunque cada vez sean menos. Basta escuchar algunas de las tertulias televisivas emitidas en estos días para constatar el nivel de crispación entre los tertulianos, su ceguera intencionada de los errores de sus respectivos correligionarios y su mezquino interés en hacer prevaler sus intereses partidarios por encima del interés general. Lamentablemente durante estos diez largos años de dolor y angustia, algunos han aprendido bien poco, dando la sensación de que estarían dispuestos a repetir, en circunstancias similares, los mismos errores de antaño simplemente por un puñado de votos.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

martes, 4 de marzo de 2014

VIENTOS DE GUERRA EN UCRANIA

                        No me equivoqué. Y mira que lo lamento. En un artículo con fecha 26 de enero del presente año, titulado “Ucrania en la encrucijada” (ver Ojo crítico, http://jcremadesena.blogspot.com.es/,), tras una breve reseña histórica y un análisis de los intereses en juego en las entonces revueltas contra el régimen de Yanukovich, expresaba mi preocupación ante un previsible estallido de una guerra civil en Ucrania, así como mi deseo de que tanto Rusia como la UE rebajasen, por mutuo interés y por el bien del pueblo ucraniano, la tensión desbordada tras el pírrico éxito de Putin al conseguir que su aliado rusófilo presidente ucraniano alejase la aspiración de buena parte de los ucraniano de firmar un acuerdo de asociación comercial con la UE, gota que había colmado el vaso para el estallido de las protestas de entonces. Hoy, destituido Yanukóvich por el Parlamento de Ucrania y huido de Kiev, la situación ha empeorado sustancialmente, porque el nuevo gobierno tiene que enfrentarse a los vientos de guerra que soplan con fuerza en Ucrania, alentados por fuerzas extranjeras, que amenazan no sólo la integridad territorial del país sino también la estabilidad y la paz en la vieja Europa.
Se mire como se mire, se analice como se analice, la decisión del Senado ruso de respaldar (por cierto, por unanimidad y con el mejor estilo democrático a la búlgara) el uso del Ejército en Ucrania y, aprovechando la petición de ayuda a Putin por el nuevo líder autonómico de Crimea para restablecer la paz, la posterior ocupación rusa de la península (integrante de la unidad territorial del Estado soberano ucraniano), es una agresión en toda regla a la legalidad internacional establecida. Ni es justificable la petición de intervención que hace el destituido presidente Yanukovich, ni los excesos de unos u otros en las revueltas que finiquitaron su régimen prorruso, ni las raíces rusas de buena parte de la población de Crimea (como sucede en gran parte del territorio oriental ucraniano), ni cualquier otra circunstancia similar para invadir y someter por la fuerza desde el exterior y de forma unilateral a un estado soberano reconocido internacionalmente como tal. Menos aún sin agotar previamente todos los recursos diplomáticos establecidos. Es, como dice al actual gobierno ucraniano una “declaración de guerra” en la que algunos, como el mismísimo jefe de la Armada de Kiev, traicionan a su pueblo y se ponen al servicio del mejor postor, en este caso el invasor ruso. En definitiva, tal como sostiene Rasmussen, Secretario General de la OTAN, “lo que Rusia está haciendo ahora en Ucrania viola los principios de la carta de las Naciones Unidas. Es una amenaza para la paz y la seguridad en Europa”. Justo la paz y seguridad europea que, violada atrozmente en el pasado siglo, especialmente tras la desolación provocada por la segunda de las dos guerras mundiales, se pretendía garantizar en el futuro mediante la citada carta y su posterior desarrollo, en la que, curiosamente, la ciudad ucraniana de Yalta tuvo un especial protagonismo en los posteriores tratados de paz.     
            Basta echar un vistazo al pasado europeo para tener bien presente los riesgos catastróficos de agresiones externas violentas al orden mundial establecido. Hace setenta y cinco años la Alemania de Hitler, con claras pretensiones de anexionarse Checoslovaquia, ocupó previamente su zona fronteriza del norte y oeste, conocida como los Sudetes, pretextando supuestas necesidades de ayuda a las poblaciones germanas que la habitaban, dejando al resto del país incapacitado para resistir la posterior ocupación. Una especie de mal entendido “pacifismo” de las potencias de entonces y, por ende, de la comunidad internacional, apostó por dejar hacer y dejar pasar, mirando hacia otro lado, alentando así al agresor, quien, ante la manifiesta pasividad de los demás, decide reivindicar el derecho a proteger al resto de germanos habitantes de territorios húngaros o polacos. La posterior invasión de Polonia y el inicio de la mayor contienda mundial de la Historia, era previsible ante la laxitud de una comunidad internacional ciega ante las flagrantes agresiones al orden establecido. Y así sucedió.
Es inevitable, salvando todas las distancias, comparar la situación de Crimea con la de los Sudetes y la de toda Ucrania con la antigua Checoslovaquía. Sin entrar en detalles sobre el gran interés económico y estratégico de Rusia por controlar Ucrania (y, especialmente, Crimea), al igual que el de Alemania en su día por Checoslovaquia, un paralelismo que invita a la sospecha, cuando, hasta los argumentos de Putin para invadir militarmente Crimea son bastante similares a los que utilizara Hitler en su día, pues, obviamente, la manifiesta agresión se suele enmascarar en razones que la justifiquen, y la del ruso es bien clara, “ante la amenaza a la vida de ciudadanos rusos”, consiguiendo gran alegría entre la población prorrusa de Ucrania. ¿Quedará inerme Ucrania como le sucedió a Checoslovaquia? No en vano y para afianzar el paralelismo, la reciente reunión de la OTAN ha sido convocada a petición de Polonia, que, como entonces, se considera “amenazada” por una posible intervención militar, en este caso de Rusia en vez de Alemania y en Ucrania en vez de Checoslovaquia.
Esperemos que en esta ocasión la comunidad internacional esté a la altura de las circunstancias, aunque, visto lo visto en otros conflictos locales, tampoco hay que albergar grandes esperanzas. Tiempos difíciles se avecinan si estos vientos de guerra que soplan en Ucrania en vez de amainar se tornan en vientos huracanados.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena 

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