miércoles, 25 de febrero de 2015

EL ESTADO DE LA SITUACIÓN

                        Lo que desde hace ya bastantes años se conoce como “debate del estado de la nación” bien pudiera denominarse este año como “debate del estado de la situación”, especialmente de la situación política española, ya que, a casi todos los portavoces políticos parlamentarios se les vio el plumero al estar más pendientes de lo “suyo” que de profundizar, para lo bueno o lo malo, sobre el estado en que se encuentra la nación española en estos momentos y, menos aún, sobre qué iniciativas habrían de tomarse para mejorarlo. Con nuevos portavoces en los dos principales partidos, PSOE e IU, a la baja en las encuestas, al igual que UPyD, y con sus verdaderos contrincantes políticos, Podemos y Ciudadanos, fuera del hemiciclo, es casi lógico que, a cada uno de ellos, lo que menos le importara en su intervención fuera la profundización pormenorizada, razonada y razonable, del trance por el que atraviesa España y, menos aún, de su comparación evolutiva respecto al año anterior. Y con un presidente de Gobierno (cuyo partido, por cierto, también estrenaba portavoz y también está a la baja en las encuestas), al que se le agota el tiempo para ser reelegido, empeñado por tanto en enfatizar, como baza electoral, los indiscutibles logros macroeconómicos de la legislatura (de los que la oposición no quiere ni hablar), es más que lógico su empeño en canalizar el debate sobre la base de su amplia y bien elaborada intervención inicial, incluidas las propuestas, obviamente electoralistas, que traía debajo de la manga. Tanta cara nueva, tanto interés personal y tanta necesidad de convencer cada uno a los suyos, que no a los contrarios, no presagiaba un final feliz. Al final, el debate sobre el estado de la nación, sólo duró lo que duró la intervención inicial de Rajoy, acabando al tomar la palabra Pedro Sánchez para la réplica y, relegada al olvido la descripción de la situación más o menos acertada expuesta por Rajoy, se dio paso, no a un debate político razonado y razonable sino a una chabacana pelea verbal, no exenta de insultos y descalificaciones gratuitas, en la que cada  interviniente, incluido Rajoy, perdió los papeles inexplicable y lamentablemente.
            Transformado el hemiciclo en una especie de escenario mitinero multiusos, como si el contrincante ni siquiera estuviera presente, cabe cualquier salida de tono. No es cuestión de rebatir, ni razonar, nada. Es cuestión de arrancar el aplauso de los tuyos, de los que hay dentro y, al ser televisado, de los que hay fuera. Es el primer mitin de la larga campaña electoral que durará todo el año 2015. Y en campaña, ya se sabe, cabe todo. El objetivo es vencer, no convencer; menospreciar y descalificar, cuando no insultar, al contrario, convertido en irracional enemigo. Y al enemigo, ni agua, lleve o no lleve razón. Se trata de dotar a los tuyos de ingeniosas coletillas irracionales, de ocurrencias malévolas, para que, repetidas hasta la saciedad, consigan denigrar al contrincante y, a su vez, formar piña irreductible con los tuyos contra él. Sólo así se entiende el aplauso fervoroso desde un lado y la repulsa contundente desde el otro, tanto cuando Rajoy dice a Sánchez “No vuelva usted aquí a hacer y decir nada; ha sido patético”, como cuando Sánchez, dirigiéndose a Rajoy y a toda la bancada popular, dice tajante “No tienen vergüenza”. E igual sucede con casi todo el resto de intervinientes. Más que nunca se justifica que cada grupo haga piña con su respectivo jefe (la procesión va por dentro) y lo proclame vencedor de un debate político inexistente, mientras la gente se pregunta si Celia Villalobos ganó o perdió la partida en su juego on line.
            Y en este debate del estado de la situación que, para algunos, lo ganaron los políticos que quedaron fuera, es decir, Iglesias y Rivera, ni siquiera hubo intención de aproximar la España negra, deprimente e inhabitable de la Oposición, con la España en color, reconfortante y habitable del Gobierno, única fórmula para tener la justa visión de la España real y, desde esta correcta percepción, afrontando un verdadero debate del estado de la Nación, detectar las deficiencias, priorizarlas y proponer medidas viables y asumibles para corregirlas. Eso sería hacer política con mayúsculas, a largo plazo, con altura de miras y en beneficio del conjunto de los ciudadanos. Sin embargo el estado de la situación política en España, tal como acabamos de ver, nos coloca a años luz de tan noble objetivo. La miopía política, la falta de liderazgos, la demagogia a raudales, la ausencia de proyectos políticos creíbles, las incoherencias y los vicios acumulados… sólo dan de sí para dejar tuerto al oponente aunque yo me quede ciego; para no ganar yo, sino para que pierda el otro, sin entender que, con semejantes planteamientos, perdemos todos.

                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

viernes, 20 de febrero de 2015

QUO VADIS, GRECIA?

                        Es más que evidente que una salida de Grecia de la Eurozona sería malo para la Unión Europea y pésimo para los griegos. Precisamente por ello es necesario que ambas partes sigan intentando una negociación de cara a un acuerdo satisfactorio, que en ningún caso puede pasar por incumplir los compromisos adquiridos por Grecia con sus socios europeos. Cualquier gobierno responsable de cualquier país civilizado y, por tanto, democrático, sabe perfectamente que ha de ser corresponsable, tanto a nivel interno como exterior, con las decisiones y acuerdo adoptados por los gobiernos precedentes ya que lo contrario supondría la quiebra de la seguridad jurídica, tanto nacional como internacional, garantía básica de la convivencia pacífica y, por supuesto, de la democracia. ¿Se imaginan un gobierno que, basándose en su legitimidad democrática, se negara, por ejemplo, a pagar las deudas contraídas por el gobierno precedente, tan democrático como él, simplemente porque así lo prometió en campaña electoral? ¿Se imaginan que cambiase unilateralmente con efecto retroactivo las condiciones estipuladas en los acuerdos adquiridos argumentando que era una promesa electoral? Con semejante planteamiento cada nuevo gobernante pondría el reloj de su país a cero desde su toma de posesión librándose del pasivo, pero, en el mejor de los casos, provocaría, lógicamente, la más estricta repulsa y desconfianza que le abocaría a la autarquía y el aislamiento más severo ya que, en semejantes condiciones, ¿qué país u organización internacional se fiaría de cualquier transacción financiera, comercial o de cualquier otro tipo con semejante interlocutor gubernamental? Es evidente que cuando un partido político o coalición electoral, como Syriza en Grecia, se comporta de forma tan irresponsable con el único objetivo de ganar unas elecciones, si las gana y accede al Gobierno, se mete en un callejón sin salida que le conduce a claudicar de su demagogia si quiere evitar males mayores a sus conciudadanos. Es el drama del Gobierno populista griego de Tsipras que, ni siquiera a la baja, es capaz de conseguir la confianza mínima de sus socios europeos para que le ayuden a salir del negro pozo en el que se ha metido.
            Ante la acuciante necesidad de financiación por el inminente vencimiento del actual rescate griego (solicitado obviamente, como el anterior rescate, por los gobiernos griegos precedentes), Tsipras, frente a la lógica exigencia por parte de la UE de que cualquier negociación pasa por aceptar el cumplimiento estricto de lo acordado, no está en condiciones de imponer nada por el mero hecho de que, obligado, como era de esperar, ya haya renunciado al impago de la deuda primero y luego a una quita de la misma, de lo que tanto alardeó, ya que, ante la desconfianza innecesariamente generada por él, se le exige la aceptación de cumplir con el resto de compromisos si quiere acceder a una ampliación del rescate. Pero no es de recibo que, tras rechazar la propuesta del Eurogrupo (exigiéndoles solicitar una prórroga del actual programa con “cierta flexibilidad” de condiciones a cambio de compromisos) y calificarla de “absurda e inaceptable”, Varufakis se levante de la mesa negociadora y, ante el ultimátum de unos días para contestar, el portavoz gubernamental Sakelaridis, diga, chulesca y desafiantemente, “no vamos a solicitar una prórroga del memorando ni con una pistola en la sien”, añadiendo que “el gobierno no se deja chantajear con ultimátum”. Actitudes de cara a la galería, para contentar a su parroquia electoral, que alejan una salida razonable a la cruda realidad helena, provocando que, desde Alemania, el ministro de Economía, Schaüble, conteste que Grecia “iba por el buen camino” para superar la crisis hasta que eligieron al actual Ejecutivo y que lo siente “por los griegos” que “han elegido un Gobierno que se comporta de manera bastante irresponsable”. La pelota está pues en el tejado de Tsipras.
            O extensión del programa de rescate en vigor, o nada. Es obvio que la segunda opción no lleva nada más que al caos total, pudiendo desembocar hasta en la salida del euro de Grecia, que sería trágico, para los griegos y dramático para la UE en su conjunto. El Gobierno de Tsipras se enfrenta así a sus propias demagogias y sabe que, antes o después, habrá de asumir ante su electorado el coste de tanta bravuconada, de tanto desafío a quienes como socios, en definitiva, a petición de los propios griegos decidieron rescatarles (por dos veces), lo que, lamentablemente, no ha hecho más que alimentar una creciente desconfianza, no en los griegos sino en el Gobierno que, con todo derecho, han elegido, sin darse cuenta de que su proyecto gubernamental era meramente una descomunal falacia. Poco tiempo queda para encontrar una solución razonable que, desde luego, no llegará con semejantes actitudes del Gobierno de Syriza, ni con su promesa unilateral de austericidio a costa de los demás… Quo vadis, Grecia? Esa es la cuestión.

                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

lunes, 16 de febrero de 2015

PSOE, DEMASIADAS INCÓGNITAS

                        La defenestración de Tomás Gómez y toda la cúpula dirigente del PSM por parte de Pedro Sánchez genera demasiadas incógnitas e incertidumbres que dan pie a infinitas especulaciones, todas ellas indeseables en un año electoral, convulso políticamente, en el que se pone en juego nada menos que la gobernabilidad de los ayuntamientos, de las CCAA y del Estado. Y justo cuando más se necesita un PSOE fuerte, sólido y unido como eficaz alternativa de gobierno, las ya tradicionales luchas internas entre las distintas familias socialistas echan por tierra, una vez más, toda esperanza, dando la sensación de que están más pendientes de obtener su miserable cuota de poder interno que de ofrecer a la sociedad un proyecto sólido, unificado y solvente que genere esperanza de futuro a millones de ciudadanos tras demasiados años de desilusión y desesperanza. Quienes, tras los años oscuros del zapaterismo con sus estúpidos espectáculos y ocurrencias, vimos una sólida esperanza en el nuevo PSOE de Pedro Sánchez, aupado democráticamente como Secretario General en unas primarias, es decir, por todos los militantes y no a través de contubernios directos impresentables, ya advertíamos (Ver “Pedro Sánchez, la esperanza” publicado el 15-7-14 en Blog Ojo crítico, http://jcremadesena.blogspot.com.es/), que la consolidación de su liderazgo no sería “ningún camino de rosas” a pesar de su supuesta “mayor autoridad” por el voto militante directo. Lamentablemente, no erramos. Siete meses después ya no cabe ninguna duda y, tras la rumorología, su decisión, drástica en efecto, de liquidar políticamente a Tomás Gómez, tarde y mal (no tanto en el fondo, sino en la forma y el momento), así lo corrobora. Ya no sólo cabe el rumor de una división interna del PSOE; ahora es un hecho lamentable. Pero reconocerlo simplemente es menos dañino que el resto de explicaciones dado, pues Pedro Sánchez tiene todo el derecho a ejercer el liderazgo que la militancia le otorgó y nadie tiene derecho a ponerle piedras en el camino. Y punto.
            Sin embargo esta decisión, este puñetazo en la mesa, que debiera haber dado desde el principio de su mandato, se hace tarde y mal. Y se justifica peor. Mantener, como hizo Luena al principio, que obedece a que Gómez ha provocado “un deterioro grave” a la imagen del partido (¿por la “Operación Púnica”?, ¿por el caso del tranvía de Parla? ¿…?), siendo incompatible con el loable objetivo de trasparencia de Sánchez, obligaría, para ser creíble, entrar a saco en el PSA, donde hay asuntos mucho más graves para dar y vender. Mantener, como hizo Simancas después, que obedece a que “Gómez nos llevaba a una derrota inmensa”, lo que, siendo cierto, se sabía desde hace tiempo, supondría, en todo caso, hacer lo propio con dirigentes de algunas otras federaciones que no salen mejor parados en las encuestas que el madrileño. Por tanto, ambas explicaciones son, como mínimo ambiguas, incompletas e incoherentes… ¿Por qué Gómez y no Díaz si se trata de la primera?, ¿Por qué no Iceta, por ejemplo, si se trata de la segunda?, ¿Por qué no Chávez, Griñán, Viera, Zarrías o Mar Moreno? Y especialmente, ¿por qué ahora y no cuando se celebraron primarias para elegir a Gómez como candidato a la Comunidad de Madrid o nombrarlo miembro de la Ejecutiva Federal? Demasiadas incógnitas sin respuestas convincentes, salvo que Sánchez sepa que Gómez va a ser imputado judicialmente y tema que se convierta en una bomba de relojería en plena campaña electoral; pero entonces, ¿para qué ese alegato público de todos, liderado por Carmona, poniendo las dos manos en el fuego por la honestidad y honorabilidad de Gómez? En fin, demasiadas incongruencias que sólo son explicables como cortinas de humo de una sórdida lucha interna por el liderazgo del PSOE… como sucede desde 1996.
            En todo caso, aunque a mi juicio un pelín tarde, bienvenido sea el golpe de autoridad de Pedro Sánchez, siempre que no le tiemble el pulso frente a rivales internos más poderosos y mantenga la misma vara de medir. Ocasiones no le va a faltar sin lugar a dudas. Si en su día ya le tumbaron las primarias que él defendía para diciembre, no puede ni debe permitirse el lujo de que le sigan marcando la agenda según intereses estratégicos particulares. Al final, lleva toda la razón Susana Díaz cuando, mientras los ejecutivos andaluces se ausentaron de la permanente que expulsó a Gómez, dice, como respuesta a la decisión de Sánchez, que “el secreto del PSOE de Andalucía es la unidad”, aunque lo que debiera explicar es por qué dicha unidad no se da en el PSOE y quiénes son los responsables de ello. Ya de paso, podría explicarle a Sánchez qué métodos utiliza ella en Andalucía para mantener el partido como una balsa de aceite con todo lo que ha caído y está cayendo; qué exige a sus líderes provinciales andaluces para mantener la unidad, como ejemplo de lo que Sánchez debiera exigir a los líderes regionales del partido como ella por ejemplo…
            Al final, la guerra está servida a pocos meses de unas elecciones locales y autonómicas. La primera batalla “primarias sí” o “primarias no” para sustituir a Gómez como candidato. Algunos, como Chacón, ya han apostado públicamente por lo primero; otros mantienen un prudente silencio, no vaya a ser que apuesten por el perdedor de la guerra y se queden fuera de juego. Sánchez tiene la última palabra, sólo de él depende el ser o no ser del liderazgo socialista que tanto añoran millones de ciudadanos.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

miércoles, 11 de febrero de 2015

PABLO IGLESIAS, EL CHÁVEZ ESPAÑOL

                        Como un jarro de agua fría ha debido caer a los dirigentes de Podemos el reciente discurso de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y primer vicepresidente del oficialista y gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela, jactándose orgulloso de que Syriza y Podemos son claros ejemplos del chavismo en el mundo. En efecto, tras el triunfo de Tsipras, dice Cabello que “ahí está lo que pasó en Grecia, ahí está lo que va a pasar en España más temprano que tarde” y remata con que “eso es el chavismo, que anda dando la vuelta al mundo entero” y, para colmo, lo dice en un foro conmemorativo del inicio de la revolución bolivariana, cuando Hugo Chávez intentó dar un golpe de Estado contra el presidente constitucional Carlos Andrés Pérez, seguramente convencido de que, como dice Pablo Iglesias, parafraseando a Marx, “el cielo no se toma por consenso sino por asalto”. En definitiva, un verdadero mazazo para quienes, como cúpula monocorde de Podemos, intentan ahora, por meros intereses estratégico-electorales, echar tierra sobre su reciente pasado, no sólo de asesoramiento, sino incluso de admiración y adoración al fallecido Chávez y a su régimen “chavista” que ha llevado al pueblo venezolano al enfrentamiento, a la ruina y a la falta de libertad… No vaya a ser que los españoles descubran finalmente el verdadero rostro que se esconde tras la careta de ese “leninismo amable” que, camuflado en la transversalidad ideológica con grandes dosis de populismo falaz, intenta vender el ideólogo y empresario comunista Monedero y la plana mayor de Podemos para esconder, una opción política, tan legítima como otra cualquiera, de ideología comunista marxista-leninista, pero de poco atractivo para la ciudadanía española. No es plato de buen gusto en estos lares europeos, contrarios al caudillismo, que te asimilen con gobernantes, como Maduro, que siguen instrucciones dadas desde el más allá, a través de pajaritos o apariciones en los túneles, por su antecesor Hugo Chávez, o, como éste, que, rodeado de sus lacayos en plena calle señalaba edificios con el dedo y esperpénticamente ordenaba “¡Expropiesé!” ante el alborozo de la comitiva, que tomaba nota para ejecutar la orden… y el pueblo haciendo colas y colas en las tiendas para intentar adquirir los productos más básicos.
            Pero la realidad es la que es y, por más que quieran ocultarla, al final prevalece. Por más que Pablo Iglesias y compañía, ante las perspectivas de obtener un buen resultado electoral, pretendan borrar ahora su reciente pasado de colaboración con y admiración al chavismo, que reconocen los diarios venezolanos, como Sexto Poder, llevando en portada la imagen de Iglesias y calificándolo como “El Chávez español”, y por más que ahora renieguen de su glorioso pasado chavista, ganándose el “chavecito español”, como también le suelen llamar, el apelativo de Judas traidor al régimen, los variados testimonios documentales hablan por sí solos e impiden negar la evidencia, a pesar de que, en vez de reconocerlo, arremetan contra quienes los sacan a la luz acusándoles de un ataque despiadado hacia ellos por parte de la “casta”. Guste o no guste, hace menos de dos años, Iglesias homenajeaba a su ídolo Hugo Chávez manifestando que era “la democracia de los de abajo, la democracia de la mayoría social, la democracia”; guste o no guste Monedero, entre otros muchos episodios, en conversación telefónica con Chávez, a quien calificaba como “hiperlíder”, le decía con admiración reverencial “Presidente, usted es un referente, así que haga su parte, cuídese mucho y sepa que hace falta gente como usted, con su trayectoria, porque el capitalismo todavía quiere hacer mucho daño y tenemos que, entre todos, pararlo” (fin de la cita, que diría Rajoy); y, guste o no guste, es constatable la asunción como propios de términos usados en su momento por Chávez, como “casta” o “tic-tac”, y de objetivos como, entre otros, acabar con la Constitución mediante unas “constituyentes”. Es comprensible que desde el régimen chavista les consideren traidores por renegar de la fuente de inspiración en que tan fervientemente bebieron o que desde la oposición venezolana carguen contra este elenco de asesores, especialmente contra Monedero (el ideólogo del grupo), por llevar a la ruina a su país con tan preciada colaboración al “chavismo”.
            Si, elogiando a Hugo Chávez, el número tres del “Chávez español” o el “chavecito” (como prefieran) dice que “los presidentes como él ponen el listón tan alto que a veces pensamos que tienen que pasar cien años para repetirlo” y que se siente digno “defendiendo a Chávez frente a la basura mediática española” (en todo caso la misma que les ha catapultado a ellos), advirtiendo “que la derecha se cuide mucho de tocarle un pelo a Nicolás Maduro”, esperemos que no tengan que pasar cien años para que el pueblo venezolano recobre la libertad plena y el progreso, para que los medios de comunicación venezolanos clausurados vuelvan a salir a la luz o para que la derecha, como el resto de la oposición venezolana, quede libre de amenazas y excarcelada por tocar, como dice Monedero, al intocable Maduro. Y a su vez, esperemos que pasen más de cien años en España sin semejantes salvadores de la Patria que, como el hiperlíder Chávez, se mueven al grito de “Patria, socialismo o muerte”.

                            Fdo. Jorge Cremades Sena 

sábado, 7 de febrero de 2015

CIS, PRELUDIO DE INGOBERNABILIDAD

                        El barómetro del CIS del mes de enero, que se acaba de publicar, pone de relieve la consolidación casi definitiva de un futuro Parlamento fragmentado que pondrá en graves dificultades la gobernabilidad de España en la próxima legislatura. Acostumbrados en todas las anteriores a una alternancia política segura y tranquila, protagonizada por PP y PSOE, garante en términos generales de una gobernabilidad alternativa enmarcada políticamente en la moderación que representan las clásicas opciones de derecha o izquierda democráticas europeas al uso, si se confirma la tendencia actual tendremos que prepararnos, por si no fueran pocas las dificultades que estamos atravesando, para soportar unos años de inestabilidad política, sin precedentes en esta España democrática, lo que, sin duda, puede incidir de forma negativa en esta incipiente salida de la crisis, que ya reconocen los expertos no sólo en España sino en el resto de los estados europeos. Con un panorama en el que, según el CIS, ni PP (con el 27´3% de votos) ni PSOE (con el 22´2%) levantan cabeza, en tanto que Podemos (con el 23´9%) se postula como la verdadera alternativa al Gobierno de Rajoy, relegando a los socialistas, mientras que IU y UPyD (con el 5´2% y 4´6% de votos respectivamente), así como Ciudadanos (3´1%), que se postula por vez primera en el escenario nacional, no alcanzarían a conformar alianzas para una mayoría gubernamental con ninguno de los tres partidos anteriores, la ingobernabilidad está más que asegurada. Del criticado bipartidismo PP-PSOE nos encaminamos a un tripartidismo PP-PODEMOS-PSOE que, casi con toda seguridad, puede que nos haga echar de menos los viejos tiempos el día de mañana, si, por razones obvias, no cabe un gobierno PP-PODEMOS y, porque así lo dice el PSOE, tampoco cabe un gobierno PP-PSOE, ni PODEMOS-PSOE, lo que, en el peor de los casos, nos llevaría, como en Grecia, a la convocatoria de nuevas elecciones generales, que, en todo caso generaría inestabilidad política en España y desconfianza en el exterior.
            En todo caso no están exentos de razón quienes a día de hoy consideran que sobre la intención de voto hay mucho voto oculto o indefinido (13% de abstención, 20´8% de indecisos, 5´6% en blanco y 1´2% no contesta), un terreno de más del 40% que puede decantar la votación definitiva dentro de un año (una eternidad, políticamente hablando) si los partidos hacen un plus de pedagogía política para explicar, desde ya, a la ciudadanía cuáles son las opciones y qué está en juego. Sobre todo cuando la citada estimación va acompañada de otras variables que no parecen corresponderse con ella al reflejar una ciudadanía que, en el mismo barómetro del CIS, manifiesta que, aunque en el último año haya girado un poco hacia la izquierda y sea algo menos independentista en sus comunidades, se considera bastante feliz, ve la crisis con más optimismo y se considera mayoritariamente bastante moderada. En efecto, si piensan que lo peor de la crisis ya ha pasado, siendo un problema para el 24´5%, en clara progresión a la baja desde hace años (enero de 2009, 51´9%; 2010, 47%; 2011, 53´1%; 2012, 53´7%; 2013, 38´9% y enero de 2014, 30´5%), aunque tanto el paro como la corrupción sigan siendo los principales problemas, no parece lógico que los ciudadanos opten por aventurerismos radicales, cargados de utopías y vacíos de contenidos razonables, frente a las opciones moderadas, homologables con el resto de gobiernos europeos (salvo la Grecia de Syriza, abocada al caos definitivo), y menos aún si estas opciones milagrosas, como Podemos, antes de empezar a gobernar en ninguna parte, ya andan envueltos en escándalos por presuntas corruptelas (siendo yo benévolo) de sus máximos dirigentes, tras presentarse como los exterminadores de la corrupción en España, avalados por su inmaculado currículo y limpios de polvo y paja. Es decir, mintiendo.
            Teniendo en cuenta que, según el barómetro del CIS, ninguno de los tres partidos principales se define ideológicamente como lo ven los votantes (PP se define de centro derecha y lo ven de derechas; PSOE se define de izquierda y lo ven de centro; Podemos no se define y lo ven de izquierdas, creyendo sólo el 4´8% su discurso de “transversalidad”) es obvio que sólo un inmenso esfuerzo de pedagogía política podrá despejar este borroso horizonte de incertidumbre gubernamental y, por tanto, de inestabilidad política. Más que nunca se requiere este esfuerzo adicional partidario, pues, más que nunca, las circunstancias así lo requiere. Al menos para que, en caso de que el pueblo soberano decida apostar por la aventura (está obviamente en su perfecto derecho) lo haga con conocimiento de causa para asumir después con responsabilidad y sin traumas las consecuencias de su decisión. Sería trágico que, en uno u otro sentido, ésta obedeciera a una manifiesta desinformación intencionada o a una reacción dirigida políticamente no “a favor de” sino “en contra de” pues no es la primera vez, ni será la última, que, con semejante planteamiento sentimental, que no racional, para rechazar lo regular o lo malo, se ha caído en lo peor o lo pésimo. Y, desde luego, un futuro Gobierno inestable puede ser cualquier cosa menos bueno. Y menos ahora.

                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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