miércoles, 22 de abril de 2015

HORRORÍFICA Y EVITABLE TRAGEDIA

                        Es evidente que cuando las catástrofes se ven venir y nada se hace para evitarlas sólo se puede esperar de ellas perversos resultados y  horroríficas tragedias, que, siendo evitables, se convierten en intolerables e inadmisibles desde cualquier prisma con el que se quieran ver o analizar. Es lo que acaba de suceder en aguas del Mediterráneo, cercanas a Libia, con el naufragio de un pesquero, cargado de inmigrantes hacinados hasta las trancas, que pretendían llevar a cabo con éxito la maldita travesía desde el infierno africano al paraíso europeo, quedándose, como tantos otros anteriormente, a mitad de camino. Es el enésimo naufragio, aunque el más catastrófico (“950 personas, de ellas 40-50 niños y cerca de 200 mujeres”, según relatan las escasas decenas de supervivientes) de toda una serie de similares tragedias menores (cuantitativamente hablando, pues cualitativamente son iguales), pero constantes y progresivas, que están sembrando de sangre y muerte el viejo Mare Nostrum de los romanos, al extremo de que su viejo nombre de Mar Mediterráneo, bien pudiera mutarse en Mar Rojo o Mar Muerto de no ser por la confusión que generaría con los que así se llaman ya por otro tipo de razones. En definitiva, un mar convertido en siniestro cementerio, en fosa común para los sin nombre o sin papeles, que huyen del hambre, de la guerra y de la muerte (que viene a ser lo mismo) a la que les condenan en sus países de origen; pero a la vez, un mar que no deja de ser por ello un placentero y paradisiaco lago plagado de cruceros para los que, con nombre y con papeles, deciden disfrutar de todo el encanto que sus antepasados crearon en sus orillas. Es el paradójico contraste entre dos mundos, tan antagónicos y próximos, que, estando condenados a entenderse, viven de espaldas sin entender que así no hay futuro para ninguno de ellos. Un demoniaco panorama de perversa inhumanidad que presagia negros augurios, como la negra noche en que acaeció el naufragio de este último pesquero de la muerte.
            Ninguna razón, ninguna causa, ni ningún orden internacional pueden avalar el mantenimiento de este reguero de injusticia, de miseria, de vejaciones, de enfermedad y de muerte… en definitiva, de inhumanidad, lo que pone de relieve la grave crisis que atraviesa el ser humano. La semana anterior a la magna tragedia, en otro naufragio perecieron otras 400 personas, sin nombre y sin papeles, mientras Italia y Malta tratan de rescatar a otros 450 inmigrantes que están a la deriva en otras embarcaciones. Es el tétrico fotograma de la siniestra película sobre tan abominable tragedia en una semana cualquiera, que desde primeros de año arroja un balance de 1.500 muertos en el Mediterráneo, el tranquilo mar que en los últimos 15 años se ha tragado a más de 20.000 inmigrantes y refugiados, quienes simplemente buscaban una vida mejor y algo de protección en Europa, en tanto que sólo en Libia unos 250.000 inmigrantes esperan hacer lo propio y entrar por Italia (si añadimos especialmente Marruecos y España, así como algún que otro binomio origen-destino la cifra sería escalofriante), para mayor gloria y negocio de los mercaderes de personas y las mafias organizadas.
            Y la Unión Europea mirando hacia otro lado mientras fracasan sus políticas sobre inmigración, un problemón que es de todos y no de los socios sureños, aunque sean quienes sufren directamente las consecuencias. Ninguno de los países de la ribera norte mediterránea por sí solo, ni en su conjunto, tiene capacidad, no ya para incidir en los países de origen, donde están las raíces del problema (y por donde habría que empezar), sino tampoco para, una vez consumada la felonía, proceder a un rescate eficaz y reducir el riesgo de muerte al menos. A la vista está. Ya Italia hubo de abandonar un dispositivo humanitario, la operación Mare Nostrum, que salvó decenas de miles de vidas, pero resultó insostenible por falta de apoyo de la UE y fue sustituido por la Operación Tritón, con un tercio del presupuesto anterior, con menor alcance geográfico y priorizando el objetivo de seguridad fronteriza frente al de búsqueda y rescate. El trágico resultado es innegable. Ahora, tras la mayor y más horrorífica de las tragedias, con las conciencias zarandeadas momentáneamente, se celebra una cumbre europea al respecto, a petición, entre otros, de Renzi y Rajoy. Esperemos que no obedezca a una calentura, una más, para que luego quede todo en buenos propósitos y buenas intenciones, que, en principio, a todos se les supone. Ya no caben ni valen razones de presupuesto, pues, aunque ya sabemos que la muerte no tiene un único valor para la Humanidad, ninguna debiera ser tan barata como para no hacer nada o casi nada para evitarla como es el caso. Ya no vale un compromiso diplomático más para quedar bien. Quienes viajan en el próximo pesquero no pueden esperar y, si no se les ayuda a vivir dignamente, no seamos tan indignos de dejarlos morir peor que si fueran animales. Así, lo que está muerto es el futuro de la UE.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena
                                

domingo, 12 de abril de 2015

NO UN GRAN PLAN; SÍ UN GRAN FRAUDE

                        Comparece José Antonio Griñán ante el Tribunal Supremo para declarar voluntariamente como imputado por el escándalo de los ERE fraudulentos, anticipándose al requerimiento del tribunal, previa autorización de las Cortes como es preceptivo cuando se trata de imputaciones a aforados, y no se considera responsable del “gran fraude” que, al menos, reconoce que existió. Con dos frases contundentes, “No creo que hubiera un gran plan, pero sí un gran fraude y eso significa que algunos controles pudieron fallar” y “Los ERE, una barbaridad; mi conducta, irreprochable”, despacha el asunto y se queda tan fresco, aunque, menos da una piedra, pues hay que recordar que, cuando se publicaron las primeras noticias del caso, desde las más altas instancias de la Junta de Andalucía, concretamente Manuel Chaves, también imputado como Griñán y en vísperas de comparecer ante el TS, sostenían que, en todo caso, “era un asunto de tres o cuatro golfos” y no ese “gran fraude” (masivo, diría yo) que ahora reconoce su compañero Griñán, quien, no obstante, elude cualquier tipo de responsabilidad política o jurídica en el mismo, argumentando que si dimitió como Presidente de la Junta fue para no dañar la imagen del Gobierno autonómico (como si el daño no fuera en sí mismo la existencia de tan “gran fraude”) y que, durante su gestión como Consejero de Economía y Hacienda (2004-09) o como Presidente (2009-13), jamás cometió ninguna irregularidad. Simplemente, no se enteró de nada durante todos esos años; pero, ya ven, califica su conducta de “irreprochable”, como si la incompetencia, en el mejor de los casos, no fuera susceptible de reproche político al menos.
Incluso Griñán, en la misma línea de defensa que su colega Viera, ex consejero de Empleo, que declaró el martes, responsabiliza del caso a cargos inferiores, es decir, que estaban bajo su cargo, supervisión y control (¿a quiénes responsabilizará Chaves cuando le toque declarar?), con lo que, como nos descuidemos, al final, pagarán el pato los “tres o cuatro golfos” citados por el ex presidente Chaves. Pero si Viera, para eludir sus responsabilidades, declaró que ignoraba el mecanismo de las ayudas irregulares porque carecía de “formación jurídica”, ya que era “de profesión maestro” (¡menuda jeta y menudo insulto a los maestros!) y confiaba “plenamente” en su equipo, Griñán, licenciado en Derecho e Inspector de Trabajo (lo que le impediría alegar ignorancia por razones profesionales, pues ya sería el colmo), se escuda en que no recibió los informes de la Intervención y que sólo recibió las “memorias anuales”, que se “presupuestó” correctamente, aunque con cambios en la “ejecución” de los pagos, que el sistema era perfectamente legal y se usa en todas las administraciones (esperemos que no en todas se cometa el mismo “gran fraude”),  que pudieron fallar los “controles”…. en definitiva, una serie de argumentos técnicos que le alejan, en todo caso, de la alegada ignorancia de su compañero Viera. Al final no se sabe que es peor, si declararse ignorante o avivado experto, pues lo pésimo es que bajo las altas responsabilidades encomendadas a uno u otro, nadie se enteraba del “gran fraude”, con premeditado plan o sin él, que se estaba perpetrando durante tantos años desde instancias directas de la Junta y con el dinero público de todos los andaluces y de todos los españoles, ni nadie hacía nada para impedirlo.
Por tanto, dando por sentada la presunción de inocencia (en el ámbito jurídico, que no se olvide), decepcionante comparecencia de Griñán en el Tribunal Supremo, pues, en el ámbito político al menos, es indecente comparecer como aforado (es decir, ostentando altas responsabilidades políticas y representativas), para reconocer la perpetración de un “gran fraude”, continuado durante años, durante su mandato, cometido por quienes  estaban bajo su responsabilidad y en sus propias narices, lo que debiera incapacitarle para el ejercicio de nuevas responsabilidades políticas (su manifiesta incompetencia o irresponsabilidad es manifiesta), al margen de las responsabilidades penales que pudieran derivarse o no durante el transcurso del procedimiento encaminado a establecer la verdad jurídica, que no siempre se corresponde con la verdad real, pues la comisión de un delito a veces no se puede demostrar, ni las diferentes responsabilidades de todos y cada uno de los que, por acción u omisión, están relacionados con él. Griñán, como el resto de investigados (ya no se dice imputados) en relación con el “gran fraude” de los ERE, debiera haber comparecido ante los tribunales ordinarios como cualquier ciudadano normal, señal inequívoca de que su conducta política, manifiestamente reprochable, no le hace merecedor de nuevas responsabilidades políticas, por más que nada se consiga reprochar a su conducta desde el punto de vista jurídico. El “gran fraude” de los ERE es real y, como tal, debe tener responsables políticos y jurídicos. Mal asunto si, mezclando churras con merinas, somos, como ven, incapaces de entenderlo. 
                            Fdo. Jorge Cremades Sena
                     

martes, 7 de abril de 2015

LO QUE NO PUEDE SER…

                        No han transcurrido ni tres meses del triunfo en Grecia de la radical Syriza con la consecuente investidura del Gobierno de Alexis Tsipras y, como era de esperar, salvo fanfarronadas contra sus socios europeos, nada de nada o poco más, al extremo de que, en tan breve espacio de tiempo, los griegos ya protestan en la calle por las promesas incumplidas, mientras la UE exige al gobierno heleno más reformas si éste, que necesita 20.000 millones de euros antes de agosto para que Grecia no quiebre, quiere disponer de la liquidez financiera que le proporcionaría la ampliación del rescate griego que, a diferencia de lo prometido en campaña electoral, le solicitó a la UE, pues las reformas presentadas por Tsipras no convencen a las instituciones europeas, que las consideran insuficientes y vagas como contrapartida para desbloquear la citada ampliación. Es obvio que lo que no puede ser, no es; y además, es imposible, pues no cabe en cabeza humana que, desde la precariedad financiera y la necesidad económica de financiación, como es el caso, un dirigente político arremeta, para ganar unas elecciones, contra los acreedores de su país, culpándoles de todos los males que sufre y amenazándoles con no pagarles las deudas o parte de ellas, y, una vez victorioso en los comicios, mantener su actitud chulesca, de boca para fuera, mientras les solicita más financiación, que necesita con urgencia, sin asumir los compromisos anteriores ni plegarse a las nuevas condiciones que los escarmentados acreedores imponen para concedérsela. Y el gobierno griego de Syriza sigue sin entender que no se puede soplar y sorber al mismo tiempo, que ha pasado la hora de las promesas y ahora toca gobernar con las limitaciones internas y externas que impone la cruda realidad.
            A pesar de las bravuconadas de Tsipras y sus ministros, así como de su amago de aproximación a Rusia, como si se tratara de un juego de niños, lo cierto es que ya no queda casi nada del mágico y casi milagroso programa electoral de Syriza que, en teoría, liberaba a Grecia del infierno al que le había llevado la perversa Troika europea en connivencia con los anteriores gobiernos griegos sistémico-democráticos. Ahora aquellos gobernantes entregados a las perversas instituciones europeas han pasado a la historia, pero el infierno griego persiste mientras los nuevos libertadores se ven abocados a claudicar y negociar con la perversidad para evitar que dicho infierno empeore. Cayó por tanto el mito de los buenos y los malos, el de los maléficos y los benéficos, el de los ángeles y los demonios… los creyentes dejan de creer, se sienten engañados, y por eso protestan en las calles, exigiendo a los profetas del nuevo paraíso, a quienes creyeron erróneamente, que les den de una vez por todas el maná prometido. Pero el maná no existe.
            Si, estando Syriza en la oposición griega, la culpa era del claudicante gobierno griego, estando ahora en el gobierno, de quién es la culpa hoy. Merkel advierte que “el tiempo apremia y no se puede perder” para que el gobierno griego presente una lista de reformas comprensivas y que las lleve a cabo; Hollande coincide con ella en que se ha perdido mucho tiempo y que “cuanto antes” presente Atenas su lista de reformas “mejor”. No es cuestión de ideologías, sino de sentido común, de seguridad jurídica y de credibilidad, lo que supone, sí o sí, “dejar a la vez claro que se han de mantener los compromisos” y las reformas, hasta ahora “demasiado vagas”, deben ir “en la línea” de lo estipulado en el programa para que Atenas pueda seguir percibiendo los tramos de ayuda financiera correspondiente. Es tan sencillo como que “Grecia sabe que Europa es su destino… y….si quiere seguir en la eurozona tiene que seguir en este proceso”.
            Entretanto Tsipras, mientras claudica con cuenta gotas ante la evidencia, sigue en la nube de la falacia por razones de imagen ante su electorado, cada vez más desencantado, con frases rimbombantes de cara a la galería como “si Grecia se queda sin dinero, se atenderá la situación humanitaria y el pago de salarios y pensiones antes que la deuda” que, a nivel teórico, todos podríamos suscribir en lo que a prioridades se refiere, aunque la realidad es que, si Grecia se queda sin dinero y tira por tierra las posibilidades de financiación exterior, ninguna de las cuestiones descritas se podría atender. Precisamente de lo que se trata es de que Grecia pueda salir de la situación ruinosa que padece y para ello se requieren políticas austeras y determinados sacrificios en vez de propuestas políticas falaces e inviables, sobre todo si se basan en lo que no se tiene. Un aviso a navegantes en otros lares donde, como en Grecia, no entienden que lo que no puede ser no es. Y además es imposible.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

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