miércoles, 30 de septiembre de 2015

EL IMPERIO DE LA LEY



                        Si el Imperio de la Ley es el principio básico o la primacía de la ley, democráticamente establecida, sobre cualquier otro principio gubernativo, especialmente contra la tiranía y la arbitrariedad del poder político, aunque fueran bienintencionadas, no caben críticas a las declaraciones del Presidente de Gobierno Rajoy tras los comicios autonómicos catalanes, pues, al margen de coincidencias o discrepancias ideológicas que con él se tenga, son impecables en un gobernante democrático. En efecto, Rajoy, tras ofrecer “diálogo y lealtad institucional” al Gobierno catalán futuro y mostrarse “dispuesto a escuchar y a hablar”, aclarando que lo que comienza es una nueva “legislatura autonómica” (para eso eran los comicios y no para otra cosa) y que, en todo caso, “los partidos de la ruptura nunca tuvieron el respaldo de la ley y no tiene el apoyo de la mayoría de la sociedad catalana” (como evidencian los resultados), es contundente a la hora de precisar que el único límite es el marco de la ley, la línea roja que no se puede rebasar en dicho diálogo, que, de forma abstracta y sin limitación ni precisión alguna, tanto reclaman algunos, y precisa, por tanto, que seguirá “velando porque se respete el Estado de Derecho, la igualdad de todos los españoles y los derechos y libertades de todos” lo que supone que el Gobierno en ningún caso aceptará que se “liquide la ley” ni se discuta “la unidad de España y la soberanía nacional”. Además, remata sus declaraciones asegurando que el Estado continuará prestando su apoyo a los catalanes, como ha sucedido hasta ahora, “en condiciones muy difíciles”, para seguir garantizando la “viabilidad económica de la Generalitat, y de los servicios esenciales que de ella dependen”, recomendando al nuevo Ejecutivo catalán a “gobernar para todos los catalanes, a superar la fractura, la tensión y los enfrentamientos que han marcado estos últimos años” y “a sustituir el monólogo y la imposición unilateral por el diálogo constructivo y leal, porque ayer se constató que Cataluña es muy plural”.  ¿Qué reproche concreto y preciso merece tales declaraciones? A mi juicio, ninguno.
            En el otro extremo, es decir, en el mundo antidemocrático independentista (objetivo que nadie impide dentro del marco legal), aunque hasta Antonio Baños, líder de la CUP, reconoce que “no hemos ganado el plebiscito” y no cabe declaración unilateral de independencia alguna (ilegal aunque hubiesen ganado el inexistente plebiscito), Junts pel Sí, es decir Mas, Junqueras y Romeva, sostienen que están legitimados para proseguir con el “procés”, cuando ni siquiera tienen garantizada la investidura de Mas, vetado por la CUP, y mantienen su proyecto totalitario por encima de cualquier otra consideración, cuando incluso carecen de proyecto de gobierno, imposible de hilvanar por su heterogeneidad ideológica, que abarca desde el comunismo a la derecha liberal.
            Y cuando entre democracia y totalitarismo no caben medias tintas, surge una absurda “tercera vía”, liderada últimamente por el socialista Ximo Puig (no sabemos si por delegación de Pedro Sánchez o por consejo de su socio Compromís en la gobernabilidad de la Comunidad Valenciana), ofreciéndose como “puente” de “diálogo” entre Cataluña y el resto del Estado, equidistancia intolerable en todo caso, pues, según él, “no se puede mirar hacia otro lado cuando el 47% de las personas que han votado quieren romper con España”, olvidando que lo fundamental es no olvidarse del 53% restante que sigue apostando, contra viento y marea, por el Imperio de la Ley, por la democracia y por mantener los principios democráticos descritos por el Presidente del Gobierno, razones de Estado que para cualquier demócrata debieran estar sin titubeo alguno muy por encima de cualquier otra razón o interés partidista por legítimo que sea. Pero Puig se ofrece a mediar para propiciar un “diálogo” entre el “inmovilismo” de Rajoy y “entre los que dicen que hay que romper” ya que entre el “inmovilismo o la ruptura” hay otra vía en la sociedad “que es el diálogo”. Pero ¿no es diálogo lo que ofrece Rajoy a los independentistas? Salvo que Puig se explique mejor, comenzando por reconocer que los inmovilistas y responsables del caos catalán son los montaraces dirigentes independentistas y aclarando en qué discrepa del diálogo que ofrece Rajoy, me temo que su particular e ilimitado “diálogo”, distinto al que propone el Gobierno, consiste en ser un diálogo claudicante ante la amenaza totalitaria, un diálogo ilimitado y sin condición alguna, bien para aceptar el órdago ilegal independentista directamente, bien para acomodar la legalidad vigente al intransigente objetivo independentista al margen de la soberanía nacional que reside en el pueblo español, pensando ingenuamente que con ello se calmarán las voraces apetencias de los dirigentes soberanistas. Y con tan confusos planteamientos, ininteligibles desde la sensatez, confundiendo deseos con realidades, quien sale perjudicado es ese 53% que sufre gobiernos, o mejor desgobiernos, arbitrarios y antidemocráticos, que atropellan sus derechos fundamentales y atentan descaradamente contra la democracia.    
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

lunes, 28 de septiembre de 2015

Y LOS CATALANES VOTARON



                        Por fin en las elecciones autonómicas más polémicas, más tramposas y con más incertidumbres los catalanes votaron para decir a los líderes políticos que, si las tomamos como lo que son, autonómicas simplemente, quienes gobernaban la Generalitat tendrán difícil consolidar un gobierno autonómico sólido, que es de lo que se trata, y que, si las tomamos, aceptando pulpo como animal de compañía, como lo que no son, plebiscitarias, los independentistas pierden y retroceden en su particular plebiscito. En efecto, los resultados han sido: Junts pel Sí (es decir, CDC, ERC y Moviment d´Esquerres) 39´7% de los votos y 62 escaños; Ciutadans, 17´9% y 25 escaños; PSC, 12´7% y 16; Catalunya Sí que es Pot (es decir, ICV-EUiA, Podemos y Movimientos ciudadanos), 8´9% y 11; PP, 8´5% y 11; y CUP, 8´2% y 10. Y si comparamos dichos resultados con los obtenidos en 2012, constatamos que Junts pel Sí retrocede nueve escaños en el nuevo Parlament (CiU tenía 50 diputados y ERC 21, frente a los 62 que ahora obtienen juntos) quedando lejos de la mayoría absoluta de escaños que son 168; que incluso sumando los diez escaños independentistas de CUP, frente a los tres que obtuvo en 2012, los escaños independentistas totales en el nuevo Parlament son dos menos, 72 frente a los 74 anteriores; que sumando el % de votos independentistas (Junts pel Sí, CUP) y con una masiva participación electoral del 77%, el resultado es del 47´8% frente al 52´2% de voto no independentista (suma del % obtenido por C´s, PSC, Cat sí que es Pot y PP); que los grandes triunfadores en los comicios han sido indiscutiblemente Ciudadanos, que pasa de 9 a 25 escaños y CUP que pasa de 3 a 10; que los grandes perdedores han sido claramente PP, que pasa de 19 escaños a 11, y Podemos, que obtiene sólo 11 escaños cuando ICV-EUiA en solitario (integrada en la marca de Podemos, Catalunya Sí que es Pot, junto a movimientos vecinales) había obtenido 13 escaños en 2012; y que el PSC, aunque perdedor al pasar de 20 escaños a 16, puede disimular su fracaso teniendo en cuenta que las encuestas le auguraban resultados mucho más desfavorables. Estos son los datos concretos y concisos y esta la comparación aséptica con los obtenidos en 2012, sin valoración subjetiva alguna por mi parte, para que cada quien saque sus propias conclusiones.
            Lo insólito es que con semejantes resultados, entre los perdedores, que son todos menos C´s y CUP, sólo PP y Podemos hagan autocrítica y reconozcan de forma explícita su fracaso electoral, cuyo resultado queda muy alejado de sus propias expectativas, mientras que el PSC, que viene de ser hegemónico en Cataluña no hace demasiado tiempo aunque en claro declive ya en 2012, incluso habla de “éxito” por perder sólo cuatro escaños, y Junts pel Sí, se muestra eufórico (seguramente la procesión va por dentro) e incluso intenta vender su insuficiente y frustrante victoria electoral, que todos daban por hecha, como el aval indiscutible para proseguir su loco e ilegal proceso independentista cuando, simplemente, para investir a Mas como President de la Generalitat quedan obligados a pactar con la CUP que ya ha anunciado por activa y pasiva que no avalará semejante investidura.
            Una vez más el cinismo de los independentistas integrados en Junts pel Sí queda patente y demuestra que ningún razonamiento, ni siquiera el de las urnas, les vale para descender desde su quimera a la realidad. Ahora resulta que, haciendo juego de bolillos (apelan a posibles votantes independentistas que hayan podido votar opciones no independentistas), sin mayoría absoluta de escaños ni de votos, con sólo 62 escaños y un 39´7% de apoyos, cuando la mayoría de catalanes, el 52% frente al 48%, les dicen “no” al independentismo, si es que prefieren mantener los comicios como ilegal plebiscito, y cuando, una vez más, se demuestra que el independentismo es asunto, aunque no baladí, de alrededor de millón y medio de personas, eso sí, bien movilizados desde el poder autonómico, (frente a más de siete millones de catalanes), Junts pel Sí se considera “legitimada” ( aunque tampoco lo estaría si hubiera obtenido los mejores resultados que esperaban) para “seguir adelante” con la secesión. No extraña que desde Ciudadanos, tanto Rivera como Arrimadas, pidan la dimisión de Artur Mas por haber llevado a la sociedad catalana a semejante ruptura y abocarla a un abismo indeseable y exijan que se convoque nuevas elecciones autonómicas, sin trampa ni cartón, para descabalgar a este desgobierno que se avecina, tan del gusto de Mas, Junqueras y compañía. Lo deplorable e incomprensible es que buena parte de analistas y tertulianos, probablemente al dictado de la voz de su amo, sigan manteniendo resquicios de tolerancia ante semejante golpe de estado civil frustrado que, por encima de todo, sus autores prefieren seguir manteniendo.
Jorge Cremades Sena
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          

miércoles, 23 de septiembre de 2015

DEMAGOGIA INDEPENDENTISTA



                        A muy poco tiempo de que los independentistas catalanes, con el apoyo protagónico del President de la Generalitat (flagrante traición siendo el máximo responsable del Estado Español en Cataluña), pretendan convertir unas simples elecciones autonómicas, para elegir nuevo Gobierno catalán, en un plebiscito, ilegal en democracia, que justifique de forma torticera su totalitario proyecto de usurpar la soberanía a los españoles para romper unilateralmente la integridad territorial del Estado Español, constitucionalmente decidida por todos los españoles, incluidos los catalanes, surgen, aunque algo tarde, voces discrepantes a diestro y siniestro advirtiendo de las consecuencias en todos los aspectos que esta especie de encubierto “golpe de Estado” civil (al margen de cualquier legalidad democrática) supondría, especialmente para Cataluña. Mientras tanto Artur Mas, ante dichas voces cualificadas, se alza con su habitual demagogia, sin argumento razonable alguno, para calificarlas de “indecentes e irresponsables” y de que sólo buscan sembrar “el miedo”. Como cualquier iluminado que se considera en posesión de la verdad absoluta, Mas descalifica así, entre otros, a los cinco mandatarios más poderosos del mundo (Obama: “el mundo necesita una España fuerte y unida”; Merkel:  “hay que respetar la legalidad internacional”; Cameron: “quien se separa del Estado ya no es parte de la UE”; Hollande: “deseamos una España fuerte y unida como ahora”; y Juncker: “Europa no acepta una Cataluña independiente”), al propio Gobierno español (Montoro: “Cataluña está en bono basura ¿quién la va a financiar si se independiza?”; Catalá: “El Gobierno tomará todas las medidas necesarias si Mas se salta la Ley”), a las instituciones nacionales y europeas (Seguridad Social: “La independencia dejaría en el aire el pago de las pensiones” y acarrearía “un incremento brutal de cotizaciones o un recorte inmediato de prestaciones”; Banco de España: la secesión puede llevar al “corralito”; Comisión Europea: “si parte de un Estado miembro deviene independiente deja de ser parte de la UE, pasa a ser un tercer Estado, y los tratados europeos dejan de serle de aplicación. Lo viene expresando la CE ya desde 2004” y máxime si se debiera a una ilegalidad pues las CCAA carecen de capacidad legal para tomar una decisión “contraria a la Constitución”), a la Banca (rotundo comunicado suscrito por las principales entidades, entre ellas Caixabank, BBVA, Santander y Sabadell, avisando de los riesgos que conllevaría para el sector financiero y exigiendo ”preservar el orden constitucional”), a los empresarios (“nos jugamos el pan” dicen los pequeños empresarios, mientras el Círculo de empresarios se suma a las advertencias sobre el proceso soberanista), y, en definitiva, a todo bicho viviente. El President eleva su palabra a dogma de fe para que los catalanes respalden su quimera; España, Europa y el Mundo se equivocan pues, como en los mejores momentos del dictador Franco, el único que está en lo cierto es él y sus ciegos seguidores.
            Lo trágico de esta situación es que, según encuestas, buena parte de los catalanes apoyan semejante farsa, presagiando por tanto un incierto futuro, pues, como bien dice Arrimadas, la candidata a la Generalitat por Ciudadanos, “este es el resultado de años de trabajo de la Generalitat con dinero público”, siendo cierto que, durante todo ese tiempo la demagogia independentista auspiciada y alentada desde el Gobierno catalán, sin que nadie salga al paso, se ha dedicado a acusar a España cínicamente de todos los males de Cataluña, a saltarse la legalidad vigente cuando le ha convenido, a insultar y despreciar símbolos del Estado impunemente, a prostituir la Historia de España incluida Cataluña, a impartir Educación anti-españolista, a enarbolar banderas y consignas anticonstitucionales…. e incluso hasta acusar a España de ladrona de Cataluña cuando los ladrones y presuntos malversadores estaban en los aledaños de la Generalitat. Y todo ello, toda esta permisividad antidemocrática desde el Estado, a cambio de un puñado de votos cuando se necesitaban en Madrid, al margen de cualquier ideología gobernante, o creyendo ingenuamente que con ello se satisfarían las insaciables apetencias de los nacionalistas e independentistas, cuyo objetivo final es independizar como sea su territorio, considerando la democracia como simple estrategia, que no como finalidad, y aprovechando por tanto la debilidad del Estado al que pertenecen para mostrar su verdadero rostro con toda crudeza. Basta echar un vistazo a la Historia General para comprobarlo.
            Y lo absurdo es que a estas alturas de la tragedia haya todavía quienes consideren que el camino es seguir mostrándose permisivos con el independentismo, que hay que seguir negociando cuando tras el órdago totalitario de Mas, que nadie se tomaba totalmente en serio, ya no cabe negociación que valga, dejando bien claro que si el Estado no se sienta a negociar la independencia Cataluña no pagaría la deuda. Es la última guinda de su esperpento. Por tanto los demócratas, aunque tarde, tenemos sólo la opción de ponernos a favor de la democracia y la legalidad vigente, para cumplirla con todas las consecuencias… pues más vale tarde que nunca.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

jueves, 10 de septiembre de 2015

INDEPENDENCIA DE BUEN ROLLITO



                        En la antesala del inicio de la campaña electoral autonómica catalana, que los independentistas de Junts pel Sí quieren convertir en plebiscitaria por arte de magia y que coincide curiosamente con la Diada o Día de Cataluña, fiesta que debiera ser de todos los catalanes, Artur Mas, camuflado en dicha lista unitaria a pesar de ser el President de Catalunya (asunto que olvida con frecuencia en lo referente a gestión gubernamental en beneficio de todos los catalanes y en defensa de la legalidad democrática vigente que le legitima como tal), por lo que, en todo caso, debiera encabezarla de forma indiscutible, no deja de sorprendernos con nuevas ocurrencias, sólo inteligibles en el quimérico, demagógico y totalitario mundo independentista, obsesionado con una declaración unilateral, y por tanto ilegal, de independencia. La última ocurrencia de Artur Mas ha sido para invalidar las declaraciones, entre otros, de Merkel y Cameron, aclarando que una hipotética independencia de Cataluña dejaría al nuevo país fuera de la UE, máxime si el proceso no se ha ajustado a la legalidad nacional e internacional vigente, si ha sido declarada unilateralmente y si no ha respetado principios básicos como la integridad territorial de los Estados democráticamente constituidos y reconocidos por la Comunidad Internacional. Así lo entiende cualquier demócrata cuando dice Merkel que “hay que respetar la legalidad y la integridad territorial” o cuando añade Cameron expresamente que “si Cataluña se separa deberá hacer cola para entrar en la UE”; así lo asume hasta el presidente de la ANC, la entidad soberanista catalana por excelencia, consciente de los riesgos, por más que le pese; y así se entiende desde el más elemental sentido común democrático. Por tanto, es incomprensible que Artur Mas ni sepa ni entienda que una hipotética independencia de Cataluña con los anteriores ingredientes, ni siquiera con alguno de ellos sino con todos, la dejaría “ipso facto” fuera de la Unión Europea, con todas las consecuencias negativas no ya para la futura España amputada, que al menos seguiría permaneciendo en la UE, sino muy especialmente para una Cataluña aislada y fuera de la Unión, una especie de Albania del siglo XXI, como dice Felipe González. Pero más incomprensible es su ocurrencia de que nada de esto pasará ya que la “desconexión” de Cataluña del Estado español se hará “de buen rollo”, lo que, salvo que haya perdido totalmente la cordura, ni él mismo puede creer.
            Es por tanto más sensato, al margen de este absurdo y demagógico buen rollito independentista del que habla Mas, insólito en la historia de los procesos independentistas unilaterales y sin base de legalidad y raro incluso en procesos ajustados estrictamente a la ley, analizar el falso argumento que utiliza para vender una Cataluña independiente integrada en la UE. Sin apearse un ápice de la torticera tergiversación de la realidad histórica y actual a que nos tiene acostumbrados para que la sociedad catalana compre su entelequia, sostiene que, en todo caso, con buen rollito o sin él, la UE no echaría a siete millones de catalanes que ya pertenecen a la misma, pues semejante proceder sería absurdo y perjudicial para todos. Y lleva razón si así fuera, pero, desfigurando la realidad para engañar a los catalanes como es su costumbre, oculta que no sería la UE quien expulsaría a Cataluña sino que sería Cataluña la que se saldría de la UE rompiendo además todas las reglas de juego democrático europeo, precedente inasumible para la futura estabilidad territorial, política e institucional de la propia UE que, en caso de mirar hacia otro lado, alimentaría la semilla de los aletargados nacionalismos totalitarios que tanto daño causaron antaño no sólo en Europa sino en el mundo entero. Esta es la realidad que debe conocer y tener presente todo el mundo para no llevarse a engaño a la hora de apoyar o rechazar el quimérico e idílico proyecto inexistente de Mas y sus colegas independentistas, para apechugar conscientemente con las consecuencias derivadas de su legítima opción. Y para colmo, como si de un juego de niños se tratara, remata Artur Mas diciendo que esa hipotética República Catalana seguiría ayudando a España.
            Lo trágico es que este independentismo de buen rollito de Mas, no es rechazado tajante y contundentemente por todos los partidos democráticos, ¡vaya usted a saber por qué!, y que, como antaño, sigan instalados en la inopia, rechazando cualquier iniciativa, como por ejemplo la reforma del TC, por cuestiones de forma, cuando el fondo del asunto no es cambiar las leyes para que se cumplan, como algunos pretenden, sino cumplir y hacer cumplir en cada momento las que están vigentes, que es de lo que se trata, pues todo lo demás es accesorio en democracia que ha de basarse siempre en el imperio de la ley que es lo que diferencia a la civilización de la barbarie. De eso se trata, precisamente.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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