lunes, 19 de diciembre de 2016

ATAQUE A LA DEMOCRACIA



                        Son de tal envergadura las dosis de cinismo, manipulación y demagogia del totalitarismo independentista catalán que, después de atacar reiteradamente al Estado de Derecho, desobedeciendo una y otra vez las reglas de juego institucional y constitucionalmente establecidas, se permiten calificar las investigaciones y sentencias judiciales por hechos y conductas flagrantemente delictivas como un “ataque a la democracia” cuando son precisamente sus reiterados desacatos a la legalidad vigente establecida los que constituyen no ya un ataque sino un peligroso e intolerable atentado contra la democracia, lo que indudablemente les sería vedado tajantemente en cualquier otro país democrático y desarrollado de nuestro entorno. En efecto, si hace unos días la desafiante respuesta del investigado Homs a la sentencia del Tribunal Constitucional, contraria a la ilegal hoja de ruta del ilegal referéndum, advirtiendo sobre la susceptible responsabilidad penal de sus promotores, era que “sí o sí habrá urnas, sí o sí habrá colegios abiertos y no van a mandar ni tanques ni matones”, el procesamiento de Forcadell y su pertinente comparecencia ante el TC se convierte en otro desafío al Estado de Derecho en el que consejeros, alcaldes y dirigentes independentistas, atribuyéndose la representación de Cataluña, cuando representan al Estado de Derecho Español en las instituciones autonómicas catalanas, sostienen en comandita ante las mismísimas puertas del Tribunal que el procesamiento de la Presidenta del Parlament, por desacatar una sentencia expresa y concreta del mismo, es un ataque a la democracia, mientras ella niega haber desobedecido al Constitucional y, tergiversando la propia sentencia, sostiene que el Parlament debatirá la independencia, asunto que el TC no ha prohibido, en tanto que Puigdemont aprovecha la sentencia para dar carpetazo al diálogo ofertado por el Gobierno de España sobre todo, excepto, obviamente, sobre la ilegal consulta, único asunto que a los independentistas totalitarios les interesa.
            Ni el TC ha prohibido debatir en el Parlament sobre la independencia (en las asambleas legislativas, ¡faltaría más!, se permite debatir sobre cualquier asunto), ni nadie amenaza con enviar a Cataluña tanques y matones (salvo que, obviamente, los totalitarios independentistas dieran un paso más y se alzaran en armas), pues basta sencillamente con aplicar la ley y ejecutar las penas firmes que, en última instancia y con todas las garantías procesales, dictaminen las sentencias de los tribunales a los condenados como sucede con cualquier otro delincuente. Ha de quedar bien claro, aunque ellos lo tergiversen, que, tanto Homs como Forcadell y compañía, no son investigados por defender la independencia de Cataluña, que pueden seguir haciéndolo si así lo consideran, sino por cometer presuntos delitos para conseguirla al margen de la ley, lo que, como a cualquier otro ciudadano que actúa al margen de la legalidad establecida, les convierte de entrada en presuntos delincuentes hasta que pueda ser probado en los tribunales en cuyo caso tendrían que apechugar, como cualquier hijo de vecino, con las penas que se les imponga, ya sean multas, inhabilitaciones o penas de cárcel. Y, obviamente, en caso de negarse a cumplirlas, convirtiéndose en prófugos, les serían aplicadas las medidas coercitivas legales de búsqueda y captura, democráticamente establecidas, con que cuenta el Estado de Derecho. Es así de sencillo de entender. Ni tanques, ni matones, cuando, de momento, quienes utilizan el matonismo político, el chantaje y la amenaza son ellos.
            Convocar la cumbre de la consulta ilegal para abordar la ilegal “hoja de ruta de la autodeterminación”, como hace Puigdemont, desobedecer a la Audiencia Nacional no acudiendo a su citación ante el juez al no reconocer “la autoridad de ningún tribunal”, como hace el cupista edil Juan Coma, tramitar la ilegal consulta media hora después de la denuncia del TC porque “hice lo que correspondía y lo volvería a hacer”, como hace Forcadell, desobedecer la orden judicial y alardear de ello rompiendo el auto en las puertas del Ayuntamiento porque “ningún juez impedirá que ejerzamos nuestro derecho a la representación política”, como hace el concejal Téllez, y tantos y tantos hechos por el estilo, cuya lista sería interminable, encierran tal gravedad que para entender sus perniciosas consecuencias bastaría preguntarnos qué sucedería si todos los ciudadanos, normales y corrientes, actuáramos de idéntica forma chulesca y totalitaria, pues sencillamente la convivencia pacífica civilizada saltaría por los aires que, por lo visto, es lo que semejantes sujetos pretenden salvo que todos los españoles, incluidos los catalanes, nos sometamos a sus ilegales y caprichosos designios. Quebrar el principio de legalidad o permitírselo a quienes lo hacen mirando hacia otro lado es la ideal senda hacia el caos, la anarquía o el totalitarismo.
Son de tal envergadura las dosis de cinismo, manipulación y demagogia de los totalitarios gobernantes independentistas catalanes que, en un democrático Estado de Derecho, como es el caso, cuya esencia es el respeto escrupuloso a la ley y a las sentencias judiciales, sostienen sin rubor alguno que lo democrático es justo lo contrario ya que aplicar la ley, según ellos, supone atacar a la democracia.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

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