martes, 23 de mayo de 2017

UN NUEVO PSOE



                        Vaya por delante que la contundente e inapelable victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE merece la felicitación más sincera, personalmente a él y globalmente al bloque sanchista, al margen de las preferencias que cada uno tenga por cualquiera de los candidatos, así como el deseo de éxitos y aciertos futuros para este “nuevo PSOE” que él mismo anunciaba en Ferraz tras su triunfo, mientras agradecía a Patxi López y Susana Díaz (abucheada por los asistentes) su participación en el proceso y manifestaba su disposición a luchar por la “unidad” del partido, ante el griterío de “¡Gestora, os ha llegado la hora!”. Desconocemos a qué “unidad” de partido, si al viejo o al nuevo, se refería cuando, eufórico, sentenciaba con toda razón que “hoy empieza todo, vamos a construir el nuevo PSOE”, pues estas primarias trascienden el objetivo de elegir al nuevo líder del partido y apunta más allá que a una mera renovación o reconstrucción del mismo dentro del tradicional espectro ideológico del socialismo democrático o socialdemocracia europea. La realidad es que poco más de setenta y cuatro mil personas, militantes socialistas, finiquitan de entrada un tradicional PSOE centenario, fundado por Pablo Iglesias Posse, contra otros tantos militantes que pretendían conservar sus esencias orgánicas e ideológicas y frente a millones y millones de personas que, sin ser socialistas, han venido apostando por él, con la agravante de que otro Pablo Iglesias, en este caso Turión, crecido por las cuitas socialistas y desafiante, acecha desde las filas radicales comunismo-populistas para liderar la izquierda española mediante el sometimiento de los socialistas, como ha sido tradicional desde la fundación del PCE, precisamente a costa de una fractura del PSOE, y luego durante la República y la Guerra Civil, tras el varapalo electoral comunista en la Transición, con la posterior creación de IU y ahora con el nuevo invento de IU-Podemos, última versión de los radicalismos izquierdosos, que no de izquierdas, con claras tendencias antisistema y totalitarias. Basta echar un vistazo a la Historia para constatar esta realidad. No en vano Iglesias, nada más conocer la victoria de Sánchez, se ha apresurado a ofrecerle la retirada de su moción de censura si él, como líder de este “nuevo PSOE”, presenta inmediatamente otra, que apoyaría, cuando hace pocos meses votó en contra de su investidura cuando lideraba el “viejo PSOE”, el de toda la vida.
            Nada que objetar pues a la inapelable victoria de Sánchez, pero muchas dudas sobre el futuro del socialismo democrático y la manida oferta de unidad que antaño utilizaron todos los secretarios generales tras ser elegidos. No hay que olvidar que la victoria de los sanchistas ha rebasado todos los límites de la decencia democrática durante la campaña, basada en enfrentar a los militantes con los barones (salvo los sanchistas como el castellanoleonés Tudanca o la balear Armengol, que son los buenos), con el aparato y con la vieja guardia, quienes han sido calificados como “momias”, “traidores”, “mafia”, “golpistas”, “degenerados del partido adjunto al PP”, “gentuza”… y Susana, la principal rival de Sánchez, como “sultana”, “gusana”, “de derechas”… alardeando en las redes sociales del más típico lenguaje podemita, insultante y descalificador del enemigo, con el único argumento de “echar al PP” de las instituciones. Ahora, con la legítima pretensión de instalarse ellos de nuevo en el aparato con Pedro Sánchez a la cabeza, deberán explicar a los militantes y, especialmente, a los votantes como es creíble esa idílica “unidad” prometida en la que cabe, junto a su nuevo angelical e inmaculado soplo democrático de izquierdas del incipiente “nuevo PSOE”, toda la porquería que, según ellos, anida en esa “gentuza”, “golpista” y “de derechas”, que conforma el aparato del “viejo PSOE”, elegido democrática y estatutariamente, y que lidera el partido y gobierna en autonomías y ayuntamientos gracias al apoyo de los votantes.
            Sólo será posible la “unidad” si, como decían en campaña, “tenéis que votar todos a Pedro, así nos quedamos los socialistas de corazón”. Pero no ha sido así pues la mitad de la militancia no le votó y, en ese caso, sólo cabe la “unidad” si ese “nuevo PSOE”, que proclama Sánchez, expulsa o relega a mera comparsa a todos aquellos militantes que, según ellos, no son de corazón. Ya ven, cuestión de sentimientos. Y es que cuando se desatan los demonios de la demagogia cuesta mucho volver a atarlos. El “viejo PSOE”, el de tantos éxitos históricos, ya no volverá a ser el mismo, pretende ocupar su espacio un “nuevo PSOE”, el de Sánchez, defensor de la plurinacionalidad o “nación de naciones” frente a la indisolubilidad de España, ambivalente con Podemos y asambleario o “de la militancia” frente a la democracia representativa, presidencialista y escorado a la radicalidad frente a los órganos de dirección y la moderación tradicionales. La unidad entre ambos modelos es simplemente una falacia, por más que así se quiera presentar a los ciudadanos.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

lunes, 8 de mayo de 2017

GUERRA CIVIL SOCIALISTA



                        Si definimos “guerra civil” como la que se da entre dos o más bandos de una misma nación, valga como ejemplo la “guerra civil española”, bien podemos definir por analogía como “guerra civil socialista” a la que se han declarado dos o más bandos de un mismo partido, en este caso del PSOE, con motivo de las primarias, pues de una verdadera guerra interna se trata a tenor de lo actuado hasta la fecha por militantes y dirigentes. En efecto, durante la fase de captación de avales, se ha consolidado el proceso de fragmentación del partido en dos grandes bandos irreconciliables y un tercer bando minoritario, que supuestamente pretende una reconciliación condenada al fracaso. En realidad, hoy conforman el PSOE dos partidos antagónicos, como los dos bandos que conformaban la España del 36 que acabaron finalmente en tragedia, y, si nadie lo remedia, en tragedia puede acabar el PSOE, tal como afirma el candidato menos apoyado, Patxi López: “si seguimos haciendo mal las cosas, podemos desaparecer; estamos en una situación límite por la división interna”. Y no le falta razón al socialista vasco ya que en este proceso de primarias no sólo está en juego el liderazgo del partido y su pertinente renovación orgánica, al que tiene legítimo derecho a aspirar cualquier militante, que es lo que debiera ser el fondo de la cuestión, sino que además está en juego su propia ideología socialdemócrata de las últimas cuatro décadas, que tantos éxitos le han dado. El modelo organizativo e ideológico del PSOE es lo que se está jugando hoy a cara de perro, viéndose venir desde el momento en que la anterior cúpula dirigente, liderada por Pedro Sánchez, para no acatar la decisión final del Comité Federal, máximo órgano de dirección socialista, dimitiera de malas formas al no poder imponer su criterio, cuestionando desde entonces la legitimidad del mismo y la pertinente dirección socialista transitoria, la Gestora, para erigirse como el valedor indiscutible de la militancia frente a los órganos de dirección, de la democracia interna directa frente a la delegada y del verdadero socialismo de izquierda frente a la socialdemocracia, que son las señas de identidad con las que ahora se presenta demagógicamente como candidato frente a quienes no defienden la militancia, ni la democracia, ni son socialistas ni de izquierdas….es decir, como miembros de otro partido y no del suyo.
            Y en esta guerra civil socialista, como en todas las guerras, si el fondo de la cuestión es dramático, las formas son trágicas, ya que de lo que se trata no es de convencer sino de vencer al contrario. Y para vencer, cuanto más juego sucio, mejor. Mientras Susana Díaz se empeña en defender que “no hay buenos ni malos” y que “todos somos compañeros y compañeras”, desautorizando de alguna forma a su Secretario General de Málaga por llamar a Margarita Robles “hija puta”, basta asomarse a las redes sociales, la actual panacea del proselitismo político, para saber por dónde van los tiros contra ella y sus partidarios: “la gusana”, “que es de derechas”, “doña Susana”, “la gente de Susana ni han jugado limpio ni lo van a hacer”, “que esperamos de gentuza, degenerados del partido adjunto al PP”, “tenéis que votar todos a Pedro y ya nos quedamos los socialistas de corazón”, “estómagos agradecidos, a ver la Sultana, golpista y traidora”… Son algunos de los piropos que se dedican entre compañeros socialistas, como convincentes argumentos para cosechar avales y conseguir ser proclamados candidatos.
            Pero esto no ha hecho más que empezar, pues ahora se trata de ganar las primarias y erigirse en Secretario General. Y, al efecto, como la más apoyada es Susana, pero entre los apoyos de Sánchez y López sumarían más, Pedro se apresura en manifestar “tiendo la mano a mi querido compañero Patxi López para hacer del PSOE un partido de izquierdas” y éste le contesta “no me parece la forma correcta, tenemos que parar esto, la fractura ha llegado a niveles de emergencia, esto es suicida”, mientras Susana irónicamente afirma que “alguno, al que no le salen los números, al segundo día solicita acuerdos de mesa camilla”. Las espadas están en alto y, como último episodio de la refriega, durante un acto de Pedro Sánchez el alcalde de Calasparra denuncia “prácticas mafiosas” de la Gestora y llama “faraona” a Susana, echando más leña al fuego en esta indecente guerra civil socialista. A la espera del desenlace final, lo trágico para el PSOE, gane quien gane, es qué harán el día después de revolcarse en este fango de hedor insoportable que hace imposible la futura convivencia de los dos bandos del partido o, mejor dicho, qué hará el partido que pierda las primarias, ya sea, según ellos mismos, el mafioso de derechas o el auténtico socialista de izquierdas. La unidad ya no será creíble para la ciudadanía.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

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